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Mensaje por Héctor Wolfgang el Lun Abr 16, 2018 5:53 pm


Héctor Wolfgang
Seme / bisexual — Metamorfo de león albino — 25 años — Ciudadano — Líder de banda criminal {SUPRA}
FÍSICO
Héctor es imponente, esa es la primera palabra que sirve para describirle. Es alto, fuerte, un luchador en toda su esencia. Mide casi dos metros, 1.93 para ser exactos, y hay músculos allá donde le mires, desde todos los ángulos. Se ejercita casi a diario, ya que tiene una posición de poder bastante considerable entre los suburbios. Su pelo es negro; tiene heterocromía parcial, con lo que sus ojos generalmente se ven cálidos, castaños, pero cuando la luz es intensa y en su forma de metamorfo león, se vuelven verdes; generalmente si el cambio está cerca se pueden ver tintes, es la única advertencia que uno puede tener, porque el cambio es gigantesco. Su cuerpo está cubierto de varias cicatrices, marcas de guerra como a él le gusta llamarlas. No se avergüenza de ellas, pero no las enseña a no ser que sea estrictamente necesario, las considera algo casi privado. Sus labios son finos, y su nariz perfecta; la simetría de su cara es impresionante, y cualquiera lo diría con la de peleas en las que ha estado. Se puede ver tanto en su forma humana como la metamorfa que algo le falta de oreja, que tiene un pico extraño en la de la izquierda: es apenas visible, no se puede notar a no ser que estés realmente cerca, producto de una disputa de familia interna. Tiene los antebrazos tatuados, por la parte exterior y uno en el pecho, concretamente en el pectoral izquierdo con el escudo de su familia. Su forma de león es albina, de ojos verdes y perforantes. Pelaje suave, lleno de cicatrices si se le hunde la mano en el pelaje y se busca en la zona de su espalda y cuello, especialmente, debajo de la melena; casi nadie se ha acercado lo suficiente sin embargo para comprobar esto. Recurre a su transformación solo en peleas o en necesarias muestras de fuerza.
Tatuaje pectoral, Tatuaje brazo izquierdo, Tatuaje brazo derecho
IMG I, II, III

PSICOLOGÍA
La educación de Héctor fue clásica, con lo que no fue corriente ni como la suave de hoy en día. No se le crió para ser un blando, o un seguidor: él es un luchador y líder. El pugnatore de la familia. En su niñez ya mostraba signos precoces de que daría la talla de su nombre, y que complacería todos los deseos de su familia; agresivo, impulsivo, un niño que no entendía el concepto de moralidad y bien o mal. Alguien a quien el día de mañana de tener que matar a alguien, no dudaría un segundo. A pesar de todo, le enseñaron de manera dura a controlarse, a base de cinturón y muestras de fuerza; Héctor era explosivo, de joven mucho más que ahora. Apenas una llama era suficiente como para encenderle y hacerle estallar por los aires, ahora cuesta algo más que eso, es un hombre serio y que piensa las cosas dos o tres veces antes de dar un paso. Pero que no le confundan con un hombre cobarde o miedoso al futuro: lo contrario, es un gran estratega, ha aprendido de los clásicos como Ulises, el ingenioso; de Cicero, el que nunca perdió un debate; Héctor, nombre al que honra en su coraje; Agamenón, el león de las batallas... Todos y cada uno de ellos, figuras importantes en su forma de ser, en lo que es. Implacable, impertérrito, un hombre que solo piensa en la guerra y el día del mañana.
A pesar de esto, sabe que hay tiempo para todo, ¿pero el amor? No, Héctor no es un romántico, no te llenará de flores, ni te dirá te quieros tras tener sexo, porque para él es solo eso, una sensación placentera momentánea. Tuvo sus romances, un chico, una chica; el género le da igual, mientras haya una mínima conexión. Para él, en todo caso los únicos que merecen su atención son los trofeos de guerra: es costumbre de Héctor coger un favorito de cada redada, alguna maravilla y protegerla, mandarla lejos y salvarla de la escoria de Estados Unidos; generalmente, especies en peligro de extinción, o criaturas de especial belleza y vulnerabilidad. Solo se muestra posesivo con estos a los que consdiera sus pertenencias temporales: en las relaciones lo deja claro, él cumple el papel activo, y su pareja debe subyugarse. ¿Y si no quieres eso? Héctor te mostrará muy amablemente la puerta, pero si te tiene como presa, lo más conveniente es que corras por tu vida, porque a este depredador no se le escapa nada que él no decida dejar ir. No es celoso de la manera tradicional, pero con los rotos y vulnerables, no lo puede evitar; es casi instintivo, pero no es ninguna bestia salvaje e incivilizada.
Su fijación por las criaturas sobrenaturales fue algo gradual, un entendimiento de la evolución y lo maravillosas que son: de ahí su protección y defensa de la escoria humana. Si hay algo que no soporta es eso, la raza humana. Héctor se considera a sí mismo y al resto de criaturas con cualquier tipo de don, superior a los humanos. Los odia, ya que para él son un germen y espécimen a terminar. SUPRA, la banda criminal a la que está a cargo es un reflejo puro de lo que piensa, y sus ideales. Héctor no se anda por las ramas, y es vengativo: por mucho que intentaron apagar las llamas, nunca lo hicieron del todo, así que mejor no busques peleas ni problemas con él. Los mordiscos y ataques de este león, marcan de por vida.

GUSTOS Y DISGUSTOS
α Gusta del poder, como es natural en cualquier hombre de su posición. No es su perdición, por supuesto, pero le gusta estar en control de la situación.
α Las criaturas sobrenaturales. Cualquier tipo y bajo cualquier apariencia, todas tienen refugio bajo su ala, merecen su protección y les debe defender. Siente una especie de amor incondicional por ellas; en raras o contadas ocasiones podría hacerles daño.
α Luchas, peleas clandestinas. No puede evitarlo, es un amante de la acción, violencia y guerra. Encuentra consuelo y calma para su alma en la sangre y la adrenalina de su cuerpo contra otras personas. Esta sería la única ocasión en la que se permitiría entrar en contacto con humanos
α Los bares, rincones perdidos de las ciudades. Siente una extraña debilidad y conexión con esos rincones en los que la gente va a perderse; es como si justo él se encontrase en esos sitios marginados.
α El sexo. No hay que mentirse. Más tirando a violento que el vainilla y suave, ese tiende a aburrirle.
α Los tatuajes. Le gusta la tinta en la piel, los distintos diseños que se pueden crear y la marca que dejan. Tendría más si tuviese más tiempo o conociese a más tatuadores especiales.
α No tiene ningún tipo de persona que le atraiga en especial. Los morenos y castaños quizá un poco más. Desconfía de los ojos claros, como azules y demás. Admite, sin embargo, que las bellezas andróginas son una pequeña debilidad suya. En cuanto a personalidad, eso ya es otra historia: con carácter, firmes y seguros, pero con un toque de vulnerabilidad. Esa sería su combinación ideal.
ω Punto más claro: odio profundo a los humanos. Escoria. Hay poco más que añadir, aunque quizá hay una doble moralidad, puesto que a pesar de apreciar a las criaturas sobrenaturales, en el caso de los mestizos e híbridos de humano es más receloso.
ω La soberbia en aquellos que no se lo pueden permitir. Héctor sabe que peca de orgulloso a veces, que el ego se le puede subir a la cabeza, pero porque está en una posición en la que claramente se puede permitir ese lujo. ¿Otros? No deberían, y en su presencia no lo harán.
ω La competitividad o que le reten. No deberían, a él no. Héctor es extremadamente competitivo, y su orgullo no le dejaría perder bajo ningún concepto, con lo que considera que es una provocación innecesaria.
ω Le aburre el romanticismo cursi. El innecesario y pesado, las conversaciones iguales de "¿no era especial?". Muchos de sus amantes fueron puramente platónicos. Y al resto, ni los recuerda.
ω Las cicatrices. No sabe si es porque "ensucian" la piel, o porque las relaciona con el dolor y castigo, pero no las ve de buena manera como marca en la piel.
ω El león no tiene enemigos naturales de por sí, pero siente cierta adversión por los cocodrilos, leopardos y hienas. Son los únicos que podrían realmente con los leones en un estado vulnerable. Por suerte no suelen ser comunes.
ω El café negro, sin azúcar, sin leche. Algo a lo que le acostumbró su padre de joven, y que a día resiente, ya que lo tiene que tomar muy azcurado.
ω No gusta de los que se venden por la noche. Sin importar el género. Simplemente es algo a lo que no le puede encontrar gusto.

HABILIDADES Y DEBILIDADES
+ Como león es un depredador terrible y un animal en la lucha, alguien a quien temer; su figura impone, es ligeramente más grande que el león medio, y posee de una consciencia humana, con lo que juega con esa increíble consciente que le da posibilidad de pensar y calcular sus ataques, no actúa por instintos
- La transformación no la controlará nunca del todo; una disputa lo suficientemente enardecida, algo que le cabree a un cierto extremo, lo llevarían a convertirse enseguida. Se dice que es una maldición que recorre a los Wolfgang; dicen las leyendas que fue por un acto de arrogancia. La transformación destroza músculos y huesos, con lo que volver a ser humano es un proceso que le destroza por completo. Deja un momento de vulnerabilidad como ningún otro.
+ La misma maldición impuesta hace que los Wolfgang se regeneren ya que se tenía como forma de tortura en un principio; en pleno combate Héctor puede hacer que esta se haga más rápida, a coste de más energía post-transformación.
- La regeneración lenta asegura la consciencia, o casi al menos si la pérdida de sangre no es extrema. No puede regenerar miembros perdidos o partes del cuerpo arrancadas, de ahí que por ejemplo la herida de su oreja nunca se pueda recuperar. Forzar una regeneración rápida asegura la incosciencia tras volver a ser humano, además de una increíble pérdida de energía vital, que puede quitarle años de vida. Lo evita a todo coste, de ser posible.
+ La piel que cubre el cuerpo de Héctor en su forma de león es extremadamente gruesa, al igual que la del león de Nemea. Cuchillos, flechas o balas hechas por humanos no le atraviesan y apenas rasgan su tejido.
- Solo las armas hechas por seres sobrenaturales son efectivas. Los dientes de un vampiro o los de cualquier otro animal son válidas; mordiscos de lobos y arañazos también; si un humano poseyese una pistola cargada con balas rociadas por cualquier sangre de cualquier criatura sobrenatural, estas también serían válidas, lo mismo con cualquier otra arma. No es un dato muy conocido, solo rumores en su mayoría que apenas se han puesto en la práctica.
+ Ira implacable: Puede apagar su consciencia durante unos segundos, en los que solo dominará su instinto animal más puramente primitivo y peligroso. Queda ciego por la ira. Si Héctor consigue entrar en este estado, es terriblemente impredecible (duración de dos turnos; el daño y posibilidad de que acierte suma 2).
- Al volver en sí, tendrá una ceguera momentánea (dos turnos, -1 punto a la puntación del dado); puede oír y puede moverse, pero en lo que respecta a vista queda totalmente inválido.
+ Manejo de armas: como humano tiene un amplio conocimiento de las armas cuerpo a cuerpo. Las controla todas, y es increíblemente difícil ganarle en un combate cuerpo a cuerpo, ya que controla mejor la lucha cara a cara que casi con armas; es campeón de boxeo en los estados de California, Texas y Florida, además de tener una buena reputación en su país de origen, Alemania y en Inglaterra, donde estudió mayoritariamente. (+1 en la puntuación final de los dados con armas de combate cuerpo a cuerpo tales como los cuchillos o los propios puños)
- Falta de precisión: a pesar de que se maneje tan bien con sus manos y cuerpo, en cuanto a armas de fuego es algo desastre. No cuenta con la precisión necesaria, ni con la puntería que se requiere. A corta distancia podría acertar, pero con un fusil de francontirador es imposible que dé a algo. (-2 en la puntuación final de los dados cuando se usan armas de larga distancia, -1 en la puntuación final cuando se utilizan pistolas o fusiles de corta distancia.

HISTORIA
Parte familiar, puede ser omitida. Incluye orígenes, guerras, dinastía y la maldición Wolfgang.
Primera parte:
El apellido Wolfgang, dicen las leyendas que deriva de un origen primigenio y mágico: eran herederos e hijos de la luna, Selene. Tienen origen germano, y la mayoría pocas veces han salido de su zona de comfort, pues es allí solo donde se sienten en paz. O es quizá mejor usar la palabra solían, en pasado, porque ya desde luego no. Los Wolfgang hay pocas batallas que no hayan librado, en las que no hayan participado correspondientes a su patria: las guerras napoleónicas, primera guerra mundial, segunda guerra mundial...Todas y cada una de ellas voluntarios. En la segunda guerra mundial estuvieron a punto de quedar extinguidos para siempre: Su resistencia, su fuerza, les hizo condecorados en su momento, trofeos para los aliados. Pero la guerra cambia a los hombres, y la arrogancia les pudo: eran tres al comienzo, todos voluntarios, hermanos de sangre. Al final, solo quedó uno: los dos muertos por insubordinación. Demasiado fuertes, poderosos, como para que nadie les controlase: ellos mismos hicieron correr la leyenda de que eran hijos de la luna, licanos, sin serlo realmente, solo por pura arrogancia, algo que les costó caro una vez el resto no quiso soportarles más. En el final de la guerra, una de las viudas enteradas de este rumor, hizo perseguir al mayor de todos, el que más cabeza había tenido. Alemania no recompensó a sus héroes como prometía, y las condiciones en las que vivía al volver no le fueron favorables una vez en casa. Fue una bruja la que le persiguió, y una vez quedó en su poder estuvo a punto de terminar con su dinastía. Condenado a ser el más alitvo y orgulloso de los animales, el más poderoso: se le hizo sentir insignificante, se le atormentó hasta perder casi la sanidad. La ira desarrollada como habilidad fue lo único que le permitió escapar, un desarrollo inesperado y brote, parte del continuo tormento y una forma de sobrevivir. Desde entonces solo buscan guerra: y de no encontrarla, no hay paz para ellos. Para ninguno.
Parte actual: Nacimiento de Héctor. Crianza, educación; niñez y adolescencia. Relaciones personales, muertes y amores. Alzamiento clan SUPRA. Llegada a Diamond City, Maine.
Segunda parte:
Héctor al contrario que sus familiares, nació en América. Desde el principio no tuvo esa sensación de hogar o casa, como lo tuvieron sus antepasados: solo en Alemania se sienten algo en calma, en paz, porque allí tienen las raíces más arraigadas, por sus antepasados. Nació en invierno, la noche más fría de su año: sobrevivió apenas, aguantó como un luchador al contrario que sus cinco hermanos. Solo él y el menor quedaron vivos: los Wolfgang no hacen nada por los débiles dentro de su familia, los que no han venido a esta vida a luchar. El portador del gen albino es siempre el cabeza de familia Wolfgang, el líder que decidirá una vez cumplida su mayoría de edad las acciones a tomar. En este caso resultó ser Héctor. Se desarrolló pronto, pues su primera transformación fue con apenas siete años, cuando casi le arrancó la cara a su hermano mientras jugaban "de broma". Él siempre fue el violento y peligroso: tuvieron una instrucción clásica, combates cuerpo a cuerpo, embadurnados en aceite, noralmente un combate hasta la inconsciencia. Su padre, Waldorf, fue un hombre estricto con ambos, sin favoritismo, aunque siempre reconoció a Héctor como el primigenio y verdadero. A falta de guerras contemporáneas, los Wolfgang se dedican al crimen organizado, generalmente con fraudes, lavados de dinero, extorsión y hitmans, estos la especialidad. La sede de Inglaterra y Alemania la controla su familia: a Héctor y padre se le encargó América, pues serían los nuevos conquistadores. Waldorf controla California, Florida, Maryland y Delaware, puntos importantes económica y socialmente. Héctor comenzó en el norte, pero se le torcieron las cosas: en su aprendizaje, sus estudios y entrenamientos personales, pareció darse cada vez más cuenta de la opresión constante a las criaturas sobrenaturales y que no parecían encajar en la sociedad. Perseguidos, trofeos de caza, el terrorífico mercado negro... Héctor nunca tuvo principios morales grandes, no se le había entrenado para eso. Pero por aquel entonces, ya surgía SUPRA. Bajo otro nombre, otras personas, pero fue con Héctor con quien alcanzó su estrellato. En América también tuvo sus primeros amores, y sus primeras traiciones. Con el poder viene la persecución, con la fama, las amenazas. Criaturas especiales, razas sobrenaturales que clamaban amarle, a quien protegió bajo su ala mientras comenzaba con Nueva York, Virginia, Vermont... Fueron sus amantes, especiales cada uno de ellas a su manera y en su momento fueron lo más preciado para él. Luego él mismo acabó con sus vidas, en sus manos, devorándolos, asfixiándolos... El león siempre tuvo olfato para las traiciones, especialmente para cuando se enamoraba de alguien lo suficiente como para perder la cabeza. Porque él ama como hace con todo lo demás: con todo. Se entrega, y no de manera físico siempre. Ha tenido sus relaciones platónicas, de respeto... Pero nada más que su clan es más importante, nada más que su organización debe encabezar su lista de prioridades. No hay tiempo para el amor.  SUPRA se vuelve más importante, una especie de refugio para las criaturas sobrenaturales heridas, sin techo o perseguidas. Héctor combate por la defensa de esto, o eso clama: pero él quiere guerra, no es justicia o gloria lo que persigue. Ataca mercados de trata, redadas a subastas de seres sobrenaturales, y cualquier tipo de artilugio que no pertenezca a los humanos. Se alza como "el luchador", el defensor de las razas cuando no es más que otro hombre violento: no es ningún héroe, aunque le intenten tildar de tal. La joya del norte es Maine, y poco a poco planea conquistarlo, desde Diamond City, lugar que parece mucho más desprotegido que el resto, perfecto lugar de corrupción y comienzo de toma de poder para invadirlo. Si bien el resto de la familia no parece estar de acuerdo con lo que Héctor hace, no se oponen a él: nadie puede. Es feroz, es letal, es el nuevo león de Nemea sin ningún Heracles de por medio que le vaya a parar. El mundo es suyo.

EXTRA
PB: Matsukawa Issei - Haikyuu!!
Tiende a usar gafas de sol en reuniones y muestras de poder porque cree que así puede ocultar la herida de su oreja semi-deformada. Esta fue causa de una disputa entre hermanos: Héctor no quiso tener piedad con su hermano pequeño en pleno arranque de ira, y la oreja se la arrancó su padre, para que no olvidase los ideales clásicos.
Aparece en muy raras ocasiones solo o sin acompañantes. Como león, en sus instintos está el de ir en manada en casi todas las ocasiones con sus más allegados. Meterse en el círculo íntimo de Héctor es difícil, pues ha sufrido alguna que otra traición. 



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Re: anything, anything (i'll give you) — héctor wolfgang, id

Mensaje por Benedict Townsend el Lun Abr 16, 2018 11:03 pm

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