Hafefobia

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Hafefobia

Mensaje por Elk Hern el Dom Jul 09, 2017 8:29 pm

La hafefobia es el miedo intenso e irracional a ser tocado o a entrar en contacto físico con otras personas, independientemente de quienes sean.

Al igual que otros tipos de fobias, es un trastorno psicológico que se manifiesta a través de una serie de respuestas fisiológicas. Es un trastorno relativamente raro y poco común, aunque puede ser excepcionalmente debilitante para quien lo sufre, debido a la naturaleza del miedo. Puede originarse por estímulos irracionales o debido a un trauma que pueda haber experimentado una persona.

La pantalla titiló sobre su rostro. Luego de su frustrado primer encuentro con Mafariel había llegado devastado a su habitación. No sabía decir a ciencia cierta cuánto tiempo había permanecido tumbado sobre la cama sin poder pensar en otra cosa más que en cómo había arruinado todo. Tenía un problema, debía reconocerlo y enfrentarlo.

Había tomado el teléfono tan moderno que Wilhelm le había obsequiado tan amablemente y había abierto el navegador. “Miedo a ser tocado” había escrito en la barra de búsqueda y el primer resultado había sido un artículo al respecto.

Hafefobia. Miedo a ser tocado

No había esperado que tuviese un nombre ni que hubiese más personas con el mismo problema, pero de alguna retorcida manera no se sentía tan sólo y eso era reconfortante. Tumbado en la cama, sonrió sin saber por qué, de repente empezaba a encontrar algunas respuestas. Siguió scroleando y con cada nueva oración que aparecía sentía cómo un velo se descorría frente a sus ojos.

Reconoció los síntomas físicos: Transpiración y malestar, respiración rápida, fuertes latidos del corazón, sequedad en la boca, pánico, temblores e hiperventilación, los había tenido todos.  Las causas le llamaron mucho más la atención: Violencia física o Abuso sexual. No podía decir que hubiesen abusado sexualmente de él, ya que el acceso carnal nunca se había dado de ningún modo, no recordaba que su maestro hubiese llegado a más que tocarlo y hacerlo tocar sus partes pudendas. Si recordaba los castigos físicos tras ese incidente; muchos variados y, a veces, sin razón aparente, habían dejado marcas por toda su espalda y sus manos. ¿Podría llegar a ser esa la razón? Con el tiempo ya nadie más había vuelto a tocarlo, por lo que el único recuerdo que quedaba fresco en su mente de un contacto eran golpes. No podía evocar una caricia, una cosquilla, una palmada amigable o una mano tomando la suya con dulzura, sólo el dolor de una bofetada o un arañazo y, luego, el abominable cinturón de cuero. Con el tiempo, cualquier recuerdo placentero de piel rozando la suya había sido reemplazado por sufrimiento.

Sus ojos brillaron al llegar al último apartado de la nota: Tratamiento. ¡Entonces podía ser curado! Sintió que el aire se le escapaba. Había una forma de repararlo. Estando lejos de aquella mujer, su cinturón y su Biblia, y con un mundo de posibilidades ¿Sería capaz de asumir el reto? ¿Tendría el valor de enfrentar lo que viniese y someterse al espinoso camino de la recuperación?

La hafefobia suele tratarse como otras fobias a través de las terapias conductuales y cognitivas, que consisten en hallar los motivos de la fobia y combatirlos

Terapia. Eso quería decir que iba a necesitar un psicólogo, y al único al que podría recurrir era al de la escuela. ¿Le causaría eso algún contratiempo a ella? Mal que le pesase, la caída de aquella mujer era su propia caída. Si ella llegaba a verse implicada en cualquier situación desagradable dejaría de ser su sostén económico, y con ese dinero se iría su oportunidad de insertarse a la sociedad para no volver a verla nunca más.

¿Tenía entonces lo que se necesitaba para empezar? Lo dudó. Mirando fijamente la pantalla de aquel móvil volvió a sentirse completamente solo y asfixiado. Ahora que por fin sabía cuál era el problema, no tenía a nadie a quién recurrir sin que ello significase involucrar a la señora Grace en desgracias. ¡Oh! ¡Sí que había alguien! La brillante pantalla del teléfono le recordó a su antiguo dueño, su profesor de alemán. ¿Podría confiar en él? ¿Sería justo confesarle aquella carga?
Se levantó inquieto de la cama, no podía dejar de considerar ideas girando en su cabeza sin parar, necesitaba un cable a tierra y en lo único que podía pensar para relajarse era en galletas. Necesitaba ir a la ciudad.

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