Aer

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Aer

Mensaje por Aer el Miér Dic 07, 2016 1:46 am

Nombre: Aer

Raza: Humano/Recipiente de Íss

Edad: 22

Ocupación: Columnista de una revista.

Relacionado con: Hermano de Allen

Descripción física:
Indiscutiblemente, Aer tiene mucho parentesco con su hermano a pesar de todo, al menos en las facciones y en la forma de su cuerpo. Tiene la misma nariz recta y estrecha, labios delgados, ojos alargados y todo puesto de tal forma que cuando está serio, su rostro tiene un aire de apatía -no siendo ese el caso con este hermano-. Su cabello también es azabache como el de todo serendi, aunque el de Aer tiende a ondularse ligeramente y siempre lo lleva corto. Lo que ya no tiene es el mismo verde oscuro en los ojos. Los iris de esos orbes ahora son grises platinados, con un brillo azul que aparece muy fácilmente, y que a veces parece moverse por su cuenta dentro de ellos.

Este pelinegro mide 1.72 m, debe pesar alrededor de unos 64 kg, y al igual que su hermano, tiene un cuerpo esbelto de esa contextura delgada que no desarrolla demasiada musculatura, pero nunca se está quieto, así que se mantiene firme y en forma. Tiene la resistencia de su gente. Su vestimenta es de lo más casual y juvenil, con jeans, camisetas, tennis, algo de ropa deportiva y chaquetas informales. Procura vestir cómodo y usa colores neutros con una que otra excepción, porque a veces se pone prendas con estampados de muy mal gusto.

Todo lo anterior, cuando es un humano sin más, pero al fusionarse con Íss, las cosas cambian. Su cabello siempre crece, se ondula mucho más, y se vuelve blanco platinado. Deja de ser un azabache para convertirse en un albino un poco más extravagante, porque entonces viste de traje. Dice que es una exigencia de Íss. Ese es su uniforme para salir de casería. Sus ojos también se aclaran un poco.

Algo a resaltar, es que la temperatura de su cuerpo siempre es baja, nunca deja de tener las manos frías.

Imagen:
Como humano:
Fusionado con Íss:

¿Uke, Suke o Seme?: Suke

Personalidad:
Aer es como el viento: ligero, pasajero, desenfrenado, cínico, enérgico, y, dependiendo del momento, arrollador. Nunca tiene problemas porque no retiene nada, si alguna vez llegase a parecer obsesionado con algo diferente a la vida misma, sólo estaría fingiendo. Le gustan muchas cosas, pero no necesita de ninguna. Deja ir a los demás y se deja ir a sí mismo como si realmente viviera en un universo sin límites. Todo lo anterior, más su inusual forma de expresarse y de acercarse a los demás, junto con su gusto por lo místico, lo hacen parecer una persona excéntrica y un poco demente, porque además de su tendencia a invadir el espacio personal de a quien tenga más cerca, se toma otras libertades que no van con el ideal convencional de “socializar”, como poner sus manos encima de tu cabeza y decir que te va a leer los pensamientos -cuando claramente no tiene esa habilidad-. Pero es algo mañoso y se vale de todo para tocar a los demás, aunque también es cierto que tiene cierta sensibilidad a oler sentimientos por su fusión con Íss, así que a veces consigue hacer un poco de trampa. Acumula pasatiempos un tanto extraños y retorcidos.

Este azabache tiene una inmensa necesidad por recordar todo el tiempo lo que es estar vivo, disfruta con solo sentir, así que nunca se niega ninguna sensación ni ningún sentimiento, salvo uno. Aer es muy optimista, no sólo porque nació siéndolo, sino porque se esfuerza por serlo, ya que ni por un segundo de su vida puede sentir desesperanza. Lo cierto es que tiene mucho miedo de morir y de que Íss cumpla su palabra de hacer de ello una experiencia dolorosa, pero también tiene confianza en sí mismo. Nunca ha perdido la esperanza ni una vez, a pesar de todo.

No se enoja, ni se estresa, y cuando no está relajado, parece entusiasmado por cualquier razón. Las personas que están cerca de él nunca llegan a decidir si es fácil de tratar o no. De cualquier forma, Aer ama interactuar con otros, le fascinan las demás criaturas, puede acercársele a cualquiera para hablar, aunque sea la primera vez que vea a esa persona en la vida. Cosas como el rechazo y la falta de interés no lo desalientan mucho, él simplemente pasa de página. No espera nada de nadie y de la misma forma asume que nadie espera nada de él, porque Aer nunca está en el mismo lugar. En ese sentido es distante, él es abierto, pero no entabla relaciones, aunque se jacta diciendo que tiene muchos amigos por el mundo. Su definición de “amigo” es bastante suelta.

Aunque casi pareciera que se esfuerza por serlo, no es inconsciente en lo absoluto. Es verdad que quisiera elevar los pies del suelo, pero los tiene bien puestos sobre él, y le gusta sentir texturas en las plantas de sus pies. Aer sabe que mantenerse tan esperanzado le ha costado un alto precio, que tiene una profunda oscuridad acumulada en algún lugar de su interior, pero, así como con todo, no la esconde ni huye de ella. También la vive, él nunca se lamenta. Le gusta el sufrimiento siempre y cuando también lo pueda disfrutar. Además, su pacto con Íss le arrancó un poco de humanidad.

En cuanto a cuando libera a Íss, lo único que cambia es su físico y sus habilidades, porque su personalidad sigue siendo la misma.

Lo que le gusta:
A Aer pareciera gustarle todo. Ama experimentar todo lo que la vida le pueda ofrecer, así que inclusive las malas experiencias son ganancia. Pero si hablamos de particularidades, tiene un extraño gusto por los eventos paranormales, por la idea de vida en otros planetas, por las historias de terror, por las películas con pésimos efectos especiales y por todo lo místico. El misticismo le encanta, y, de hecho, en ello consiste su trabajo, pues su columna trata de todas esas cosas fuera de órbita que tanto le gustan. Sus temas favoritos son las experiencias de regresó de la muerte y espíritus antiguos, no por nada, claro está.

Le gustan los lugares altos, escalar árboles o montañas, subir a azoteas.

Ama el calor y lo prefiere antes que, al frío, el verano es su estación favorita a pesar de que él lleva adentro a un ser de invierno. De ahí que también disfrute tanto de la cercanía ajena. Su cuerpo nunca tiene una temperatura alta, así que es un ladrón de calidez humana. Le gusta tocar a las personas y lo hace sin mucho reparo. Tiene la mala manía de querer escuchar o sentir el ritmo cardiaco de los demás.

Es adicto a sentir todo lo que pueda sentir, por eso le gustan los placeres de la vida, la comida, el sexo, la diversión. Bienvenido sea todo lo que le acelere el corazón. La bebida es lo único que no, no es capaz de tolerar mucho el licor.


Lo que no le gusta:
Si hay algo que Aer no tolere bien, es el encierro y la quietud. Para lo único que puede sentarse por horas es para escribir, y aun así no soporta más de un par seguidas. La oscuridad tampoco es su mejor amiga, lo panique un poco.

No le gustan las personas sumidas en la desesperanza a pesar de que ese sea el alimento de Íss. Más bien es justamente por eso que no le gustan, porque esas son a las que Íss devora enteras, y a Aer no le gusta estar cerca de la muerte.

Puede ser retorcido, pero no es violento, la agresividad sólo está bien en ciertas porciones y durante ciertos momentos específicos. No le gustan los enfrentamientos, y si huele que su libertad puede verse privada de alguna manera, aunque sea algo mínimo, se esfumará en menos de lo que dure un parpadeo.  

Habilidades:
Como humano:
▪La escritura se le da muy bien, con eso se gana la vida.
▪Es experto escalando y tiene muy buena memoria (como su hermano).
▪Esto es algo que tiene más fuerte cuando está fusionado con Íss, pero con el tiempo, se ha ido quedando en su cuerpo humano: puede “oler” un poco las emociones de los demás, muy ligeramente. También despide siempre un olor agradable.

Con Íss:
Íss es un ser muy antiguo que nació de la desesperanza y se alimenta de ella, es básicamente un concepto que consiguió el poder de convertirse en espíritu, y después adquirió un cuerpo. Como criatura depredadora, tiene los sentidos de un animal, pero particularmente posee el poder de oler las emociones, de vaciarse a ella misma para reflejar a los demás -y para camuflarse cuando era una mariposa-, de despedir aromas agradables para atraer a sus víctimas, y de manipular ligeramente a las criaturas que tengan cualquier rastro de desesperanza, como una serpiente que hipnotiza a su presa. Y por supuesto, puede devorar la desesperanza. En Aer, las cosas funcionan así:

▪Fusionado con Íss, el entonces albino es mucho más sensitivo. Ve mejor, tiene mejores reflejos e inclusive respira mejor. Tiene el olfato del ser antiguo, así que puede oler bien las emociones a distancia, especialmente la desesperanza.
▪Su cuerpo se vuelve mucho más ligero y ágil, de manera que puede hacer cosas como saltar de tejado en tejado o lanzarse de una gran altura y tener un aterrizaje amable.
▪Puede vaciar sus ojos y reflejar en ellos el color de la emoción predominante en los demás. Esto le sirve para ver el grado de desesperanza que tienen los cuerpos. Entre más oscuro el gris, más desesperanzados están. Algo semejante pasa con los demás sentimientos, pero cuando son positivos, entonces es al revés: entre más claro y puro el color, más fuerte es.
▪Despide un olor muy agradable y perfumado que atrae a cualquier criatura con olfato y que además previene que quieran hacerle daño.
▪Si encuentra a alguien con un poco de desesperanza, puede influenciar en una pequeña medida su comportamiento, hacer que se sientan aturdidos o intensificar una sensación que ya estaba. Por ejemplo, si esa criatura ya siente enfado, Aer puede provocar que pierda los estribos, pero para eso tiene que tocarla en la cabeza.
▪Puede devorar la desesperanza de los demás, aunque esto más bien lo hace Íss a través de él. Aer no puede decidir eso por su cuenta.
Cuando Íss se alimenta, pueden suceder tres cosas::

-Si se trata de una criatura con un poco de desesperanza cuyas emociones predominantes son otras más alegres, Íss consume el sentimiento negativo y no afecta ni al cuerpo ni a la mente. Inclusive, los alivia, porque los libera de esa carga.
-Si es una criatura que siente mucha desesperanza, cuando Íss la devore lo desestabilizará de tal forma que, si es una mente débil, enloquecerá. Más, si es una mente fuerte, sólo le resultará doloroso y después podrá sentir alivio.
-Si hablamos de una criatura completamente sumida en la desesperanza, Íss lo devorará de un todo, y tanto mente y cuerpo perecerán. Todo esto ocurre porque cuando ella comienza a comer, no puede parar hasta haberlo gastado todo, pero sí puede escoger infringir dolor o no. Nunca escoge hacerlo a menos que tenga una razón.


Debilidades:
Como humano:
▪Es muy torpe con las manos. Cocinar o hacer manualidades está fuera de sus posibilidades.
▪Es pésimo nadador y tiene el peor sentido de la orientación que se puedan imaginar.
▪Cuando sólo es un humano, la “habilidad” de oler emociones es muy errática.

Con Íss:
▪Ser más sensible le resta inmunidad. En ese estado es débil, por ejemplo, a estímulos fuertes. Un olor intenso y muy desagradable puede atontarlo con facilidad, y un olor muy dulce y apetecible puede atraerlo en contra de su “buen juicio”. Justo como una mariposa atraída por una trampa con un buen néctar.
▪Aer se hace más ágil con Íss, pero su cuerpo emplea toda su resistencia para soportar la fusión, así que se vuelve muy frágil. Se hace ligero y escurridizo a costa de su fuerza física.
▪Lo de reflejar el color de las emociones ajenas en sus ojos siempre lo hace por cuestión de segundos, pero eso es principalmente porque mientras lo esté llevando a cabo, solo podrá ver el color en cuestión en lugar de poder ver a través de sus ojos. Reflejar otro color lo enceguece.
▪El aroma que despide funciona principalmente para criaturas de invierno o para criaturas neutras como los humanos. Con el resto tiene poca o nada de efectividad (aunque igual pueda que les parezca agradable), e independientemente de eso, la influencia nunca es tan fuerte como para darle una victoria segura. Cualquiera se puede resistir.
▪Aer no puede implantarle emociones o sentimientos a nadie, solo puede manipular ligeramente los que ya están, y el efecto dura lo que tarda una sola acción. Es muy corto.
▪Respecto a devorar desesperanza, la única debilidad es que no haya suficiente alimento disponible para Íss. El asunto es algo muy efectivo debido a su fusión con un cuerpo humano resistente, pero también es cierto que lo único que mantiene a Aer con vida, es la presencia de Íss en su interior, y que para que ella pueda mantener anclada su alma, debe hacer una gran inversión de energía. Entre más energía gaste, más alimento necesita. Por otro lado, Íss es una criatura de invierno y requiere del frío para vivir, por eso Aer no puede soportar altas temperaturas. Exponerse a ellas podría expulsar a Íss de su cuerpo, e inmediatamente moriría. Otra cosa que puede representar una debilidad, es que Aer conserva una parte humana cuando se fusiona con Íss, así que exponerse a tanta desesperanza podría influenciarlo a sentirla, y él no necesita sumirse completamente en ella para que Íss lo devore entero. En su caso, haría falta solo una pizca de ese sentimiento para que Íss lo consuma completamente, ya que la tiene adentro.


Historia general del personaje:
aquí::

LOS HERMANOS
—¡Al! —gritó el pequeño azabache de 6 años encaramado en la rama de un enorme roble —¡Ven! ¡Ya se va a abrir! —

Un pelinegro un poco mayor, con unos 10 u 11 años, apareció de entre el follaje cargando una canasta en la espalda que los dos hermanos debían llenar con leña, pues el invierno entraba sin tregua. El chico miró a todos lados, pero no encontró a su hermano donde lo había dejado.

—¡Arriba! —le avisó el más pequeño, y el mayor caminó hasta los pies del gran árbol para levantar la cabeza y mirar hacia sus ramas.

—Oye, te dije que nada de trepar árboles esta vez —lo riñó el más alto, levantando un poco la voz para que el otro lo escuchara, pero sin parecer alterado realmente.

—¡Sube tú también! ¡Rápido! ¡Ya va a nacer! —insistió el otro, a lo que su hermano mayor no pudo más que soltar un suspiro de resignación mientras se sacaba la canasta de los hombros para comenzar a trepar el árbol con la agilidad de un gato. No le tomó mucho tiempo llegar hasta dónde estaba el más pequeño, en una rama lo suficientemente firme para sostenerlo a los dos. El cauteloso chico se aseguró de eso antes de arrastrarse hasta quedar sentado frente a su hermano.

—Seren, las crisálidas no se abren en invierno —dijo Allen con sus ojos verdes puestos en ese capullo que colgaba entre los dos, de una rama un poco más arriba. El chico sensato ya sabía de qué se trataba todo, pero de todas formas había subido hasta ahí para decir aquello.

—Esta lo hará —aseguró Seren, clavando su mirada con fijeza en el capullito de seda, ansioso por ver salir de ahí a una esplendorosa criaturita alada de esas que tanto le gustaban. El mayor no volvió a decir nada, pero relajó la expresión y la postura, porque se quedaría a esperar tanto como su hermano quisiera. Él también se fijó en la crisálida, pero no esperando a que se abriera, sino imaginando el tipo de mariposa que intentaba formarse dentro.

Así pasaron al menos 20 minutos en los que ninguno de los dos se movió, pero la expresión del más chico se fue transformando en un lamentable puchero.

—¡Pero el invierno apenas está empezando! —se quejó —¿Se quedará ahí dentro todo ese tiempo? ¡Odio el invierno! ¡Odio la nieve! ¡Las mariposas la odian también! —se lamentó y se quejó el más chico, seriamente decepcionado.

—A esta quizá se le hizo tarde… —respondió el mayor después de una risita tranquila, sin querer explicarle a su esperanzado hermano lo que estaba suponiendo realmente. Probablemente ese capullo ya nunca se abriría, aunque esa carita de tristeza en el más pequeño le hizo pensar que tal vez Seren lo había entendido por su cuenta —Pero, ¿Sabes? Alguna vez escuché a padre decir que cuando él era un niño, vio a una mariposa de invierno, tan blanca que se confundía en la nieve… si todavía queda alguna, la encontraré para ti —prometió el mayor, y enseguida el rostro del más chico se iluminó como si le hubiese dado la mejor noticia de su vida, pero solo porque sabía que su hermano mayor siempre cumplía sus promesas. Y eso era todo lo que quería Allen, que ese niño torpe dejara de lucir apaleado.

—¿¡Puedes hacer eso!? —preguntó brillando de emoción.

—¿Tú qué crees? —le dijo el más alto curvando una tenue sonrisita de complicidad. Ahora buscaría a esa mariposa blanca como la nieve hasta encontrarla.

—¡Mariposa de invierno! —celebró Seren elevando los brazos en el aire.


NEMAIN
—A-al… —sollozó el mismo pequeño de 6 años, con la cabeza enterrada en la espalda de su hermano, después de escuchar el disparo que le quitó la vida a su padre. El mayor le había pedido que se escondiera detrás de él, y que se tapara los oídos, pero al pequeño no le dio tiempo de hacer lo segundo. Allen, en cambio, estaba de frente a la desgracia, parado firmemente, con los puños apretados a sendos lados de su cuerpo. Lo único tembloroso en él eran sus ojos aguados por las lágrimas que nunca terminarían de caer, porque ni siquiera parpadeó. Quería grabarse el rostro de aquel hombre que todavía pisaba el cuerpo ahora sin vida de su progenitor, recordaría la rosa alada que tenía tatuada en la nuca y lo encontraría después. El cuerpo inerte de su madre yacía a un lado también —Allen… —lo llamó Seren de nuevo.

—Tranquilo, yo sigo aquí —lo consoló Allen, con una voz más quebrada de lo que hubiese querido.

Fue cuando, sin los padres de por medio, los hombres que habían irrumpido en su tienda se dirigieron hacia ellos como dos sombras hambrientas. El mayor retrocedió junto con su hermano, clavando sus ojos verdes en el asesino de sus padres como si de dos dagas venenosas se tratasen.

—Tenemos a una fierecilla aquí… se van a divertir bastante amansándote —soltó el hombre con la sonrisa más ominosa que el azabache recordaría en su vida, dispuesto a reducir a los hermanos para llevarlos consigo, pues esa era su misión.

—¡No! —exclamó Allen antes de que esas desagradables manos llegaran a ellos, y lo había dicho tan fuerte y severo que sus captores realmente se detuvieron —Caminaremos —aclaró, porque mientras estuviera en sus manos, nadie tocaría a su hermano. Y no se había rendido, pero el niño tuvo que leer sus posibilidades. Los dos hombres intercambiaron miradas antes de echarse a reír. Uno de ellos súbitamente pegó el cañon de su arma a la frente del chico, amenazándolo también con los ojos, esperando que titubeara, pero Allen le regresó la mirada con rabia en lugar de miedo.

—De acuerdo, salvajes, andando —terminó por decir el hombre, alejando su pistola del niño —Pero cuidado con intentar algo —advirtió dándole dos palmadas con su arma a la mejilla pálida del mayor de los niños, antes de hacerse a un lado para indicarles el camino. El chico se había ganado ese derecho.

Así fue como Allen abrazó a su hermano a un costado de su cuerpo para que cuando pasaran por la entrada, el menor no tuviera que ver los cadáveres de sus padres. Seren era muy impresionable, y Allen podía olvidarse de sí mismo para recordar eso. De esa forma lo llevó todo el camino que le indicaron sus captores hasta la parte trasera de un camión. Antes de llegar pudieron escuchar los sollozos de los demás niños que ya estaban adentro, niños que ellos conocían, con los que habían crecido y jugado desde siempre. Todo el campamento era una pesadilla, algunas tiendas ardían en llamas, pero ya no se escuchaba más que el llanto de los más pequeños. Ellos eran los últimos. Allen ayudó a su hermano a subir, y después lo hizo él.

—¿A dónde vamos? —le preguntó Seren en un susurro, abrazándose a él, siguiendo su ejemplo de esforzarse para no llorar.

—A ningún lado —aseguró el mayor, porque él encontraría alguna forma de salir de ahí.

—¡Siéntense en las bancas y mantengan la boca cerrada! —ordenó uno de los asaltantes, y los niños no tuvieron más alternativa que alinearse en las bancas a cada extremo del vehículo. Allen quedó de primero en su hilera, y Seren a su lado. Los dos se agarraron de las manos con fuerza cuando el sujeto comenzó a contarlos como si fuesen cabezas de ganado. Al terminar esa tarea no dijo nada más antes de cerrar las puertas del camión, sumiendo a los pequeños en una absoluta oscuridad.

—Al, n-no me sueltes —rogó el más pequeño temeroso de moverse, porque ahora la única seguridad que tenía era que su hermano estaba a su lado y que de él era esa mano que apretaba la suya.

—Nunca. Nos sacaré de aquí, no tengas miedo —prometió Allen, y cómo cada vez que ese chico prometía algo, Seren sintió esperanza.

—¿Puedes hacer eso? —

—¿Tú que crees? —

Y el más pequeño soltó una risita llorosa antes de que las palabras que acababan de decirse quedaran flotando en el aire. Un sonoro “clack” los sorprendió a todos, y enseguida las puertas que se les habían cerrado se volvieron a abrir al haber sido forzada la cerradura. Un hombre al que le sangraba la cabeza apareció pidiéndoles que guardaran silencio con una seña. Allen lo reconoció, no era uno de los otros, tenía el cabello negro y los ojos verdes como él. Era un hombre de su pueblo.

—No hagan ruido —susurró el recién aparecido apresurándose a levantar al primer niño en la fila, pero inmediatamente se escuchó un “¡Hey!” alarmante, y el hombre exclamó un “m@ld¡t@ sea”. Casi al mismo tiempo se escucharon varios disparos y el sonido que hizo el motor del camión al encenderse. El vehículo arrancó, y el hombre serendi se aferró a Allen como si de ello dependiese su vida, porque había llegado trágicamente tarde. Ya lo habían baleado un par de veces, pero él no se iría sin rescatar al menos a uno de los niños.

—¡No! —exclamó Allen, pues él también se había aferrado a la pequeña mano de su hermano, pero la fuerza con la que el camión arrancó terminó por hacer que se desprendieran dolorosamente.

—¡SEREN! —gritó forcejeando. Se había desesperado en un cerrar y abrir de ojos, tanto que sin darse cuenta había empezado a llorar mientras su pequeño hermano también clamaba su nombre entre llantos. El más pequeño dejó de saber lo que sucedía, pero continuó llorando, confundiendo el sonido de la balacera a la distancia con relámpagos que caían del cielo, y aun cuando ya no fue capaz de ver a su hermano, pues el camión lo había dejado bastante atrás, pudo escuchar el grito más fuerte y desgarrador que escucharía en su vida, llamando su nombre.

ÍSS
—Allen… es hermano de Seren, los dos eran hijos de Maija y Hadar. Vivian los cuatro en una tienda al sur del bosque sin nombre—recitaba un chico de unos 13 años, en una habitación oscura que más parecía una celda, pues la ventana hacia la que él estaba mirando, muy alta en la pared, estaba reforzada con barrotes —Ese era el nombre del bosque, no lo he olvidado… —murmuró soltando el amago de una risa, antes de perder la vista en un copo de nieve que se coló entre las barras de acero. Todos los días repetía esa oración como si no quisiera olvidarla, como un niño recordando la dirección para volver a casa. La repetía a pesar de que ya no tenía las imágenes de sus recuerdos tan claras. Las repetía porque había días en los que temía olvidar su propio nombre. También hablaba todo el tiempo porque a veces no reconocía el sonido de su voz.

—Hoy ha nevado otra vez… ¿Te he dicho ya que odio la nieve? —preguntó el azabache como si alguien más fuese a responderle, pero lo cierto era que, en aquel reducido lugar, estaba solo. Y a pesar de lo que decía, no estaba acostado sobre la pequeña cama ni arropado con la gastada frazada sobre ella, sino que se encontraba tumbado sobre el suelo, con poca ropa y pies descalzos. Su torso desnudo dejaba ver algunas marcas, como un cinturón amoratado en el cuello y sobre el resto de su torso más hematomas y otras lesiones. Nada permanente. Aun así, ese día había sido uno de los peores. Le dolía tanto el cuerpo que prefería que el frío lo adormeciera.

Fue aquel día, en medio de una ventisca, que el chico parpadeó dos veces cuando creyó ver a una mariposa entrar por la ventana, y lo primero que pensó fue que se había confundido con otro copo de nieve. Pero de pronto, una mariposa realmente revoloteaba sobre su rostro. El hecho era de lo más inusual, especialmente porque la pequeña criaturita que ahora tenía en frente, presumía unas alas transparentes y brillantes, como el cristal. Además, era invierno. El chico no lo podía creer. Despacio levantó una de sus manos para ofrecerle un soporte a la mariposa, y esta lo aceptó, posándose en aquel gélido dedo índice.

¿Duelen mucho? —escuchó el chico a una voz femenina, y cuando le pareció que venía de la mariposa, pensó que finalmente había perdido la cabeza —Tus heridas… lucen mal —volvió a decir, y al azabache le habría gustado incorporarse para ver si quizá se estaba quedando dormido y eran delirios de ensueño, pero el cuerpo no le daba para tal acción.

—Duele… —terminó respondiendo, incrédulo.

¿Preferirías morir? —preguntó la voz femenina.

—No —respondió el chico.

No lo has pensado

—No quiero morir —repitió el chico, firme, seguro, y un poco asustado de que, en lugar de ser delirios de ensueño, aquellos fuesen delirios de muerte. La mariposa -o fuese lo que fuese aquello- guardó silencio durante unos largos segundos.

Dime quién eres —le terminó por pedir.

—… S-… Seren… —respondió el chico, un poco inseguro. Habían pasado muchos años desde que alguien le preguntaba su nombre, y tal vez no debía estar tan seguro de que aquel fuera.

Ese es tu nombre, no quien eres —refutó la voz. Seren lo pensó un poco. Tenía razón, pero igualmente no tenía una respuesta para darle, ¿Quién era él? Un chico con las lágrimas congeladas… hacía mucho que no era nadie. Pero de nuevo levantó la mirada hacia la ventana como cada vez que quería pensar, y una sonrisa un tanto socarrona quiso aparecer en sus labios cuando tuvo en una respuesta.

—Soy aire —respondió como si de pronto aquello se tratase de un juego infantil.

Aire… si lo fueras, ya te habrías ido por esa ventana —volvió a refutar la voz, y Seren perdió el tinte divertido. De pronto ya no quería jugar más, y tampoco tenía fuerzas ya para seguir manteniendo el brazo levantado. Por eso dejó a la mariposa de cristal sin soporte, y ella con sus alas diáfanas comenzó a revolotear de nuevo —Ese es tu deseo, ¿No es así? Escapar de aquí. Yo puedo concedértelo —reveló de pronto, revoloteando hasta la pared para posarse ahí y el azabache, que tenía una increíble tendencia a confiar en imposibles, guardó silencio un poco adolorido.

—¿Puedes hacer eso? —preguntó como si no estuviera viviendo ese momento, sino otro. Uno que había quedado muy atrás.

Por supuesto. Soy un ser muy antiguo, Seren. Nací en el primer invierno, cuando las criaturas dejaron de esperar bienaventuranzas. Tus iguales me han llamado antes “desesperanza”, pero ese no es mi nombre, es mi sustento

—¿Comes desesperanza? —interrumpió el chico, escéptico.

Eso he dicho. Ahora, te diré quién eres tú —anunció volviendo a batir sus alas para ir a posarse en la angosta nariz del adolescente, justo entre sus ojos. Ahí extendió completamente sus alas, y en cuento el verde oscuro de esos orbes se vio a través de ese tejido cristalino, el mismo se tiño de un azul tan celeste y limpio como el de un cielo de verano, despejado. Seren observó aquello atónico —El azul de la esperanza —explicó la mariposa, volviendo a dirigirse hacia la pared —Te he observado durante años, Seren. Otros en tu lugar ya habrían desaparecido en la desgracia, pero tú sigues mirando esa ventana como si en cualquier momento fueses a escapar volando en medio de sus barrotes. Tu cuerpo también es más resistente entre los humanos. Te necesito. Si estás dispuesto a acceder a mis términos, seré quien te libere de todo esto

—¿Qué podría querer la desesperanza de mí? —preguntó Seren, con cierta sonrisita floja. Era cierto, nunca había deseado la muerte. Había estado ocupado deseando recordar cómo se sentía estar vivo. Y aquella mariposa le gustaba más así. Aquel azul era lo más lindo que había visto en años.  

—Mi nombre es Íss —le corrigió severa la voz femenina —Y me he desgastado con los siglos. No podré mantener esta forma por mucho más tiempo, necesito un recipiente, pero inevitablemente consumo cualquier mínimo rastro de desesperanza… —

—¿Cuáles son tus términos? —preguntó Seren, entendiendo de qué se trataba todo.

Viviré sellada en tus ojos, y cada vez que te llame tendrás que liberarme. Cuando lo hagas, me fusionaré contigo, así veré a través de ti, tendrás mi olfato, mi fuerza, un poco de mis memorias, y mi apetito. Cazarás para mí, comerás por mí, serás mi móvil, mi herramienta. El resto del tiempo podrás hacer lo que te plazca con la vida que te daré. Pero… —pausó la mariposa su discurso durante unos segundos, y al retomarlo, su voz parecía haberse teñido de sombras —Si alguna vez sientes, aunque sea un poco de desesperanza, no podré evitar devorarte desde adentro. Te perderías y yo me quedaría sin cuerpo. Por eso, si ocurre, me encargaré de que sea la experiencia más dolorosa de esta y de todas tus vidas, ¿Lo has entendido? —terminó de explicar la mariposa azul en la pared.

Seren había dejado de mirarla para cuando dejó de escuchar su voz, y en su lugar tenía la vista fija en la pequeña ventana en lo alto de esa oscura habitación. Parecía distraído, pero no se había perdido de ni una sola de sus palabras.

—¿Qué tengo que hacer? —preguntó el chico.

Aceptar… y morir una vez— dijo la mariposa, y Seren levantó un poco la cabeza para mirarla, serio. “Morir una vez” ¿Cuántas veces podía morirse alguien? Allen estaba ahí afuera, y él quería verlo de nuevo.

—Acepto —

EL CONDE
Al conde Götz von Richthofen le gustaban mucho los niños. Era bien sabido por todos que el hombre hacia gordos donativos a la iglesia para que fuesen destinados a orfanatos en todas partes del mundo. Pero nadie conocía realmente cuanto le gustaban ni el verdadero alcance de sus gestos caritativos. Lo cierto era que en aquel viejo castillo que durante siglos perteneció a su familia, pero que hoy ya no parecía ser más que un monumento, el importantísimo benefactor les daba hospedaje a algunos infantes que por tragedias de la vida se habían quedado sin familia. A cambio no les pedía más que un poco de sacrificio, porque él les daba todo su amor. Su favorito era aquel precioso joven azabache de ojos verde oscuro. No podía aburrirse de verlo crecer, pero lo mejor era que sus ojos siempre parecían refulgir a pesar de las adversidades. Aunque no era como si ahí en el castillo pasara por muchas. Por supuesto que no. Por eso el pobre hombre no paró de lamentarse cuando lo perdió.  

Ocurrió en una noche de tormenta, era 20 de diciembre. En ese lugar había nieve todo el año, pero a veces el cielo se enfadaba con esas tierras. El conde solía jugar con la muerte, porque llevaba encima sentimientos tan profundos y densos que solo podía liberarlos de esa manera. Pero no en él. Tenía un título demasiado importante, después de todo. Afortunadamente, los niños le retribuían sus buenas acciones. Por eso aquella vez sus manos tensas estaban de nuevo cubriendo el delgado cuello del azabache, oprimiéndolo como bien sabía hacer. Le gustaba perderse en esos ojos verdes que poco a poco comenzaban a desvanecerse. Siempre podía ver el miedo en ellos, eso le gustaba. Nunca se desvanecían del todo, él no lo permitía. Pero ese día, una mariposa de color azul esperanza se posó en su cabeza, y el conde se olvidó de como aflojar las manos. El chico murió con una ligera sonrisa en los labios, la primera que el conde le vio en 7 años.

El inusual accidente no tuvo mayor repercusión de inmediato. El hombre cubrió el cuerpo desnudo del menor con una de sus sábanas de seda y ordenó que lo llevaran al lugar de siempre. No era el primer niño que se iba, pero si el primero que lo hacía a causa de su gran devoción.

AER
Seren estaba muerto. Una mariposa del color de la esperanza se posó en su rostro pálido y sonriente. Puso las delgadas patas sobre su nariz fría, y extendió las alas por encima de sus parpados cerrados. Entonces ella pareció volverse luz, y lentamente comenzó a fundirse en el cuerpo sin vida de aquel niño, hasta que se perdió dentro de él.

¿Estás ahí?” preguntó una voz femenina, algunos segundos después.

“Ugh… ¿¡Dó-dónde estoy!?” preguntó la voz de un chico que parecía estar en agonía. Tenía mucho frío, sentía un vacío infinito y no podía ver nada.

Te enseñaré el camino. Sigue mi voz” y la fémina comenzó a cantar una tonada en una lengua muy antigua que el chico poco a poco comenzó a entender, como si se acordara del significado de palabras que nunca había aprendido. Hizo como ella le había pedido hasta que en la inmensa oscuridad en la que estaba sumerjo, vislumbró un aro que brillaba como una única estrella en medio de la noche. “¿Lo ves?

“Si”

Has llegado. Dime, ¿Quién eres?” interrogó ella, y el chico escuchó a alguien declarando ser el aire, alguien con su voz.

“Aer” fue su respuesta.

Despierta, Aer

Y muy lentamente, el chico cubierto de seda dorada abrió los ojos, pero sus orbes ya no eran verdes como la última vez que había visto con ellos en el mundo. Ahora eran de plata y tenían un brillo un poco azulado, pero miraban con la misma intensidad. Aún tenía frío. A penas sintió su propia energía irguió el torso para sentarse. Levantó las manos para verlas frente a sus ojos. Las reconoció, pero no las sintió suyas, aunque eso sería algo que cambiaría con el tiempo. Entonces miró a su alrededor. No estaba solo, a pocos metros de él, el hombre robusto que solía custodiar la entrada principal del castillo se dedicaba con esmero a cavar un hoyo, uno lo suficientemente largo y profundo para contener a un chico de 13 años. En el lugar había más tumbas señaladas con una cruz simple de madera.

“Tienes que irte” le dijo ella, y el chico no necesitó nada más para experimentar el movimiento de sus piernas. Se incorporó sin saber si le responderían o no, y aunque lo hicieron tambalearse un poco, no lo abandonaron. Se apartó del lugar y corrió, corrió sin mirar atrás, corrió hasta que le sangraron los pies y la respiración no le dio para más. Corrió y lloró mares, lloró hasta que se le desgarró el alma. Se le habían descongelado las lágrimas. Fue Íss quien le ordenó que se detuviera.

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La primera vez que liberó a Íss, sintió como su cuerpo se volvía mucho más ligero y sensible. Podía sentirlo todo a su alrededor, podía escucharlo todo mucho mejor. Inclusive su pecho parecía tener más capacidad para llenarse de aire. También notó que su cabello se hizo más largo y ondulado, y perdió todo el color. Se volvió platinado, como sus ojos.

La primera presa que cazó para ella fue el conde Götz von Richthofen. El hombre estaba tan sumido en la desesperación, que Íss lo devoró entero.

Pasó el tiempo, y Aer aprendió a vivir. Íss fue su guía al principio, pero gradualmente fue dejando de hablarle, hasta que sólo pasó a escucharla cada vez que le daba la orden de liberarla. Entonces ella sólo lo llamaba una vez por el que ahora era su nombre, y siempre solía ser por las noches. Pero para entonces, el chico había adquirido la fuerza suficiente como para valerse por sí mismo, inclusive se había integrado a la sociedad, en cierto modo. Desarrolló gustos e intereses que exploraba y explotaba cuando sólo era un chico humano, inclusive se volvió un poco excéntrico. Le gustaba aprender y estar en movimiento, emplear su tiempo en cualquier cosa, llenar sus días de eventos cotidianos, le gustaba tomar decisiones y sentir que la vida le pertenecía, que podía ir hacia cualquier lugar, que podía hacer lo que quisiera. Y amaba sentir. Descubrió que podía escribir sobre las cosas que le gustaban, y que además podía ganar dinero con ello.

Así, los días de ventisca y encierro quedaron atrás.

Buscó a un rostro que muchas veces había pintado con las yemas de sus dedos en el aire, y nombrado tantas otras. Era su hermano, eso lo recordaba con tanta insistencia que intentó encontrarlo, pero Aer nunca alcanzó imaginarse el grado de “incógnito” que había adquirido la vida de aquel a quien que buscaba. Aun así, en su vida itinerante preguntaba por él en cada lugar nuevo al que llegaba. Y sin importar donde estuviera, siempre volvía a la ciudad de la nieve en temporada de ventisca, el 20 de diciembre, a dejar flores en una tumba vacía.


ALLEN
Después de la misteriosa muerte del conde, nadie volvió a visitar aquel castillo de otra época. Eso fue lo que escuchó el hombre de ojos verdes y cabello azabache atado en una coleta alta que llegó a la ciudad de la nieve en cierta ocasión. Sólo lo acompañaba un enorme husky siberiano. Era temporada de ventisca, así que a los lugareños les pareció extraño que el sujeto pidiera indicaciones sobre cómo llegar a la famosa estructura abandonada. Le advirtieron que el lugar quedaba mucho más cerca de los alpes, que si llegaba a perderse moriría congelado, pero eso no pareció importarle. De cualquier forma, no era el castillo al que quería visitar, sino a aquel lugar un poco más apartado donde, a pesar de la nieve, todavía resaltaban algunas cruces de manera que parecían haber brotado fúnebres del suelo. No tenía forma de saber cuál de ellas era la que había ido a ver, así que solo se detuvo frente a todas ellas. Guardó sus manos aguantadas dentro de los bolsillos de su abrigo, y las observó con fijeza, en silencio, hasta que su ceño se arrugó dolorosamente en una expresión amarga.

Ese día era 20 de diciembre. Era la primera vez que Aer encontraba a alguien más en ese lugar. El inusual visitante olía mucho a tristeza. Observó su espalda con asombro y curiosidad, llevando en las manos un enorme ramo amarillo de flores de auluaga, como todos los años. Enorme porque siempre repartía flores a todas las cruces. El perro que acompañaba al extraño se percató primero de su presencia, y cuando se fijó en que sus ojos azules lo miraban, Aer sonrió y liberó una de sus manos para saludarlo con un gesto como si se tratase de un niño.

—La gente dice que es la peor época del año para visitar un cementerio, pero la nieve siempre ayuda a conservar las flores por más tiempo —comentó acercándose a dejar su ramo en la cruz de la única tumba vacía, agachándose frente a ella. Era justo la más cercana a donde estaba el hombre de la coleta, a quien todavía no miraba directamente —¿No ha traído algunas? —preguntó al tiempo que giraba la cabeza para mirarlo, antes de levantarse. Fue cuando se encontró con unos ojos de un color con el que había estado muy familiarizado alguna vez. Verde, un verde muy oscuro que también lo miró a él con extrañeza. Y las facciones de ese rostro también le tocaron alguna entraña. Aer se levantó lentamente. De pie, se llevó una mano al pecho. Su corazón había comenzado a latir con un inusitado frenesí, porque ese órgano solía estar demasiado calmo inclusive para su propio gusto.

—¿Quién eres? —interrogó el otro hombre, con desconfianza y amargura, pero Aer no pudo responder de inmediato. Se había quedado como una piedra con esa expresión de estupor. Su interlocutor, que no parecía tener el don de la paciencia, pareció perder el interés por continuar en ese lugar, y relajó el semblante antes de dedicarle una mirada a su perro con la que le indicó que iban a ponerse a andar. Dio media vuelta, y comenzó a marcharse. Sólo cuando Aer vio que se alejaba, pudo reaccionar.

—¡N-no te vayas! Al… —exclamó con cierta torpeza también extraña en él. El otro hombre, se detuvo en seco. No se giró, pero sus ojos abrieron como si acabasen de ver lo insólito. —Tú eres Allen, ¿no es así?... lo eres, ¿verdad? —continuó hablando el de ojos de plata acercándose al otro, detallándolo con atención. Al sentirlo cerca, el de ojos verdes se dio la vuelta. La persona que acababa de llamarlo “Al” sonreía —Lo eres… —aseguró Aer, suavizando mucho la sonrisa. Temblaba, pero por una vez no era por el frío —¿No me reconoces? —preguntó viendo esa expresión descolocada del de ojos verdes. Ahora parecía ser él quien se había convertido en piedra. Aer soltó una risita que pareció nerviosa. Sin más se acercó al más alto y lo rodeó con sus brazos, suavemente, pegándose a él hasta que pudo sentir su calor y recostar la cabeza sobre uno de sus hombros —Has venido a verme, ¿No es así? —murmuró cerrando los ojos, y al escuchar eso último, Allen se rindió.

—Seren… —susurró con una expresión cercana a la tragedia, con dolor, con confusión, todavía sin moverse. Aer se estremeció al escuchar ese nombre.

—¡Así es! —celebró apartándose de él lo suficiente para mirarlo a los ojos —Pero ese ya no es mi nombre —

—No-no… No puede ser… tú estabas… —balbuceó el mayor, sin ser capaz de reconocer esos ojos grises, pero queriendo aferrarse a algo que parecía imposible.

—¿Muerto? Bueno, es verdad, morí una vez —dijo con otra risita gratuita, y es que, desde su segundo nacimiento, había experimentado muchas cosas agradables, pero nunca esa sensación cálida de… ¿De qué era? Sentía que conocía la palabra, pero en ese momento no le venía a la cabeza.

—¿Qué les sucedió a tus ojos? —interrogó Allen arrugando la expresión, atrapando el rostro ajeno entre sus manos. Nada tenía sentido.

—¡Oh! ¡Eso! Tengo que decirte. La mariposa de invierno, Al, la encontré —anunció disfrutando de esas manos enguantadas en su rostro, notando que una de ellas era más rígida que la otra. Pero en el momento eso no tenía importancia —Bueno, ella me encontró a mí —se corrigió —Pero sus alas no eran blancas como la nieve, eran transparentes, ¿crees padre haya visto la nieve a través de ellas? —preguntó con curiosidad real, porque antes ya se había hecho esa pregunta y ahora que tenía a su hermano delante, no se pudo esperar para hacerla. Y de pronto era como si el tiempo no hubiese pasado en lo absoluto. Allen lo sintió así. Aquel realmente era Seren. No le importaban las irregularidades, ese era su hermano. Y se quebró. En lugar de responder a sus palabras, se lanzó a abrazarlo con fuerza, encorvándose para apoyar la cabeza en uno de sus trapecios.

Aer ensanchó la sonrisa alzando los brazos para acoger a su hermano mayor.

—Siempre fuiste el más débil —bromeó regalándole una caricia en la cabeza.

—Vendrás conmigo, te mantendré a salvo —pareció decretar el mayor, pero en realdad fue súplica. Había evitado decir “esta vez sí”. Aer sonrió, porque fue capaz de olfatear un poco la determinación y la culpa. Lo entendió todo, y con honestidad, no sería un sacrificio en lo absoluto volver a ocupar el papel del pequeño hermanito indefenso. Volver con Allen era todo lo que había deseado desde el momento en que los separaron. No lo culpaba de nada, lo amaba. Era probablemente la única criatura en el mundo a la que podría amar, porque el sentimiento había estado desde antes de Íss, porque después de ella parecía haberse averiado esa parte de su humanidad.

—¿Puedes hacer eso? —preguntó entonces el menor, con una calmada emoción. Allen, en silencio, también sonrió.

—… ¿Tú que crees? —

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Ese mismo día, los hermanos viajaron juntos a Diamond City.


Extras:
▪A Aer le gusta navegar en la internet, como a toda persona de este siglo. Está inscrito a todos los blogs y foros sobre lo paranormal, e inclusive es famoso en el medio, su nickname es simplemente “Aer” -no entiende eso del anonimato-. Tiene muchos amigos por la red, y a raíz de eso encontró la forma de ganarse la vida, porque comenzó a trabajar para una revista llamada “Winter Bird” que trata sobre todos esos temas que le gustan. Los suscriptores adoran su columna. Es un trabajo a distancia muy práctico para la vida itinerante que llevaba antes de reencontrarse con su hermano.

▪Y hablando de Alle, Aer realmente lo ama. Es verdad que para él ya no es fácil desarrollar sentimientos como una persona normal, pero el amor por su hermano era lo único que estaba desde antes de que se averiara esa capacidad, así que ahora ha decidido aferrarse a eso como si fuese la prueba máxima de que está vivo. A todo lo demás sigue dejándolo ir sin más.

▪Está muy interesado en descubrir lo que ella es, porque a pesar de todo no lo sabe a ciencia cierta, pero por supuesto que puede sentirla todo el tiempo, y de esa forma conoce muchas particularidades suyas. Por ejemplo, Íss puede alimentarse de cualquier criatura, pero tiene una gran predilección por los humanos. Inclusive, a veces parece que pensara como cualquier mujer.

▪Íss solo pide ser liberada por las noches. Aer no puede escoger devorar la desesperanza de nadie por su cuenta, pero Íss nunca se niega a una comida, así que cuando él sale a “cazar”, siempre intenta ir por criaturas que solo tengan un poco de desesperanza, para aliviarlos más que para otra cosa, y para que nadie tenga que morir. A Íss no le gusta eso, pero mientras que tenga comida suficiente, ella no se queja. De esa forma solo es más trabajo para Aer, porque entonces tiene que buscar mayor número de presas por noche.

▪En todos los años anteriores ha celebrado su cumpleaños el 20 de diciembre, el día en el que se fusionó con Íss, porque olvidó la fecha de su primer nacimiento. Todavía habla del tema con Allen.

▪Los animales lo aman, -los invernales especialmente-, salvo las mariposas, esas le rehúyen, pero a él todavía le gustan mucho.

Anime/Manga/Juego/Novela de donde procede el personaje:
▪Humano: Original de Captain-Toki
▪Fusionado con Íss: Original

Nombre real del personaje:
▪Humano: Leone
▪Fusionado con Íss: desconocido

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Aer
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Re: Aer

Mensaje por Arthur Kirkland el Miér Dic 07, 2016 8:33 pm




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