ID || Yuuki

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ID || Yuuki

Mensaje por Yuuki el Sáb Oct 15, 2016 9:40 pm

Nombre: Yuuki.

    Raza: Híbrido de Shinigami y Humano.

    Edad: 23 aparentes. Reales desconocidos.

    Ocupación: Cazador.

    Relacionado con: Midori.

    Descripción física: Posiblemente, lo que más destaque de él, es el hecho de siempre ser relacionado con el color blanco. No es en vano que cuando se le renombrara, la primera opción que se viniese a la mente de la persona encargada de hacerlo, fuese "Yuuki". Sus cabellos como ya han de imaginar, son de un vistoso color blanco, herencia de su madre, que era albina. El corte del mismo es un poco irregular, ya que a primera vista puede parecer corto, y casi hecho al azar, pero dando una segunda mirada, se pueden apreciar algunos mechones más largos sobresaliendo de la zona en la que la nuca acaba. En lo que a sus ojos dorados respecta, vienen de parte de su padre, "la mirada de cuervo" como solían decir.
Por su delgada figura, uno podría pensar en que es bastante frágil; sin embargo, es todo lo contrario. Cuenta con buena condición física, así como bastante fuerza. Le sería bastante fácil derribar a gente más grande que él. Posee varias cicatrices que a estas alturas, ya parecen pinceladas muy diluídas en agua por lo viejas que son; tiene varias repartidas por el torso y algunas en los brazos.
Suele llevar su uniforme blanco para la batalla, pero para ocasiones más mundanas, se limita a unos jeans y a una sudadera blanca. Es más, no importa la ropa que sea, sí o sí, debe llevar algo blanco encima.


    Imagen:
Spoiler:






    ¿Uke, Suke o Seme?: Suke.

    Personalidad: Usualmente obediente si está de ganas, gusta de la soledad y la seriedad. Muy poco tolerante a las actitudes infantiles, puede tomar actitudes bastante bordes con la gente que considera inmadura y demasiado despreocupada. Sarcástico como él solo, tiene un humor pesado, y detesta las bromas sosas. También tiene cierto regocijo del sufrimiento ajeno. Pese a que puede sonreír como cualquier ser vivo capaz de ello, hay una sonrisa en específico que suele hacer para ahuyentar a presencias indeseables. Gente que ha descrito esa sonrisa después, ha dicho que le causa escalofríos el sólo recordarla.
Por lo general hace caso de sus superiores, a menos de que las órdenes que se le den, conflictúen con ordenes ya tomadas. Así mismo, suele ser bastante respetuoso con ellos, aunque de tanto en tanto, se le pueda ver rodando los ojos o chasqueando la lengua. También es muy dado a fruncir el ceño cuando no está de acuerdo con algo. Puede cuestionar las ordenes, como se ha dicho, pero sabe cuándo detenerse.
Con cualquier otra persona, no se dignará demasiado a prestarle importancia, ya que, como no tiene nada que ver con él, considera innecesario el relacionarse con más personas. Con los siglos ha comprobado que entre menos lazos, mejor. Los lazos significan emociones, y las emociones no son útiles para una espada, trata de mantener eso siempre presente. Por esto mismo se le dan mal las relaciones, llegando a ser un problema si algún encargo involucra tratar con personas.
Su rostro suele mostrar un desdén y aburriemiento la mayor parte del tiempo. Tal vez las únicas veces que logra mostrar emoción por algo, es ante las cosas que desconoce sobre el mundo. En estas ocasiones, muestra un interés e ilusión casi infantiles, y no descansará hasta no haber saciado su curiosidad. Pese a todo, nunca muestra mucho interes ante la tecnología digital, ya que considera, son avances un tanto inútiles. Es amante de hacer las cosas a la forma antigua (siempre ha asegurado que queda mejor de ese modo), y se negará a participar en lo que sea, si incluye demasiada ciencia.
Si no se le ha dado alguna indicación, gusta de actuar por su cuenta, aunque eso pueda acarrear consecuencias negativas después. Pese a ello, él defenderá lo que ha hecho, porque a su parecer, son acciones que podrían ser útiles luego. Y tal como defiende sus acciones, con la misma pasión ejecuta su deber, importando poco o no su estado físico en ese momento. Una vez que se le mete algo a la cabeza, no descansará hasta conseguirlo.

    Lo que le gusta:
- La lluvia y las nevadas.
- Lo gatos.
- Las aves.
- Salir a caminar de noche.
- Practicar con su espada.
- Los barcos.
- Molestar a las personas.
- Los sitios altos.
- El tiempo a solas.


    Lo que no le gusta:
- La gente infantil.
- Las personas que lloran mucho.
- El  bullicio, o las personas bulliciosas.
- El calor. Vamos, que no fue hecho para climas cálidos.
- Las cosas muy dulces.
- Los perros, demasiado afectivos para su gusto.
- Que se toman demasiadas confianzas con él.
- Los aparatos electrónicos.
- Los trenes, no le gustan en nada.

    Habilidades:
- Zona Cero. Es un espacio entre dimensiones que es de su exclusiva pertenencia. Le sirve para almacenar cosas, o para refugiarse en caso de peligro. Puede meter o sacar sinfín de cosas de ahí, basta con concentrarse y desearlo. También puede ingresar a personas o entidades dentro de esta zona. Puede servir como medio de teletransportación también, al ser un hueco entre dimensiones o planos dimensionales, como se le quiera ver.
- Manejo de sombras. Como bien explica el nombre de la habilidad, es capaz de manipular las sombras a conveniencia. De la gran ga,ma de cosas que le permite hacer esto, para lo que más las usa, es para mimetizarse con ellas de tal forma que puede esconderse, o si lo requiere, seguir a una persona por medio su sombra. Es menos frecuente, pero las usa también para sujetar objetos o personas si hace falta.
- Manto de la muerte. Es  más una expresión que un manto en sí. Pese a que es mitad shinigami, puede hacerse invisible como si fuese uno al completo.
- Don de la muerte. Dado que de una u otra forma, está relacionado con la muerte, puede inducir un falso estado de la misma, ya sea a alguien más o a sí mismo. Así mismo, puede sentir con facilidad a los seres vivos a su alrededor (sean usuarios de magia o no) en un radio de por lo menos, 20 metros.
- Manejo de armas. Se le da bien el manejar las armas, así como descubrir la mejor forma de usarlas. También puede predecir, en base al físico de la persona, cual arma quedaría mejor con la misma. El arma con la que Yuuki es más afín, es con la katana.

    Debilidades:
- Zona Cero. Pese a que podría parecer bastante práctica, esta habilidad carga con bastantes incovenientes. Pese a que es de uso fácil si necesita algo pequeño, necesita estar seguro si necesita algo más grande que un niño de unos seis años, necesita ir él en persona a sacarlo, no basta con alargar la mano. Es bastante vulverable durante ese momento. En cuanto al ingreso o salida de seres vivos de este espacio, tan sólo pueden estar por un espacio máximo de 45 minutos a la fecha. Tampoco puede ingresar más de una persona además de él a la vez. Si la persona ingresa sola, Yuuki necesita tener presente en mente la figura de una puerta, para que cuando haga falta, abrir esa imagen mental, para dejar que la persona salga de ese sitio. Si se le somete a demasiado estrés o se desconcentra en ese estado, la zona se abre por inercia, expulsando violentamente a su huésped. En caso de que Yuuki entre también, el tiempo se reduce a media hora, y aplican las mismas reglas de la concentración. Cuando la puerta se abra de nuevo, caben dos posibilidades: que regresen al mismo sitio (es casi siempre lo que ocurre), o que se trasladen a otra parte, Sin embargo, para que esta pase, es necesario que se tenga bien presente al sitio que se quiere llegar y que la estadía no rebase de los cinco minutos. Y si va acompañado, su acompañante debe tener plena confianza en él. Cualquier atisbo de duda, puede dejarlos en los sitios menos afortunados.
- Manejo de sombras. Pese a lo útil de la habilidad, presenta varios incovenientes: Si cualquier ser, llega a notarle oculto en su sombra, es repelido al momento de ahí, quedando expuesto. En cuanto a sujetar lo que sea, esto puede cortarse con facilidad con cualquier cosa mágica (desde objetos a encantamientos) afín a la luz, ya que es la contraparte natural de la osuridad o sombras. También una sombra más fuerte podría cortar el lazo.
- Manto de la muerte. Pese a que se podría pensar que basta la habilidad anterior para no hacerse visible, esta presenta un par de ventajas con respecto a la otra, así como desventajes. La invisibilidad es sólo aplicable para humanos, ya que ellos naturalmente, no pueden ver a la muerte si esta no quiere. Puede verle la gente agonizante o con alguna enfermedad terminal. También podría verle alguien con afinidad para ver fantasmas o parecido.
- Don de la muerte. Pese a que es capaz de provocar un falso estado de muerte, este no puede mantenerse por más de cinco minutos. Básicamente separa el alama del cuerpo, pero no corta la "cadena" que no une al mismo. Y pese a que podría creerse que podría matar a alguien usando esto, le es imposible dada su calidad de mestizo. En lo que a detectar seres vibos respecta, sólo puede diferenciar si son humanoides o animales, pero nada más. Cosas como su naturaleza, poder, raza, edad o cosas más específicas le son imposibles de saber gracias a su calidad de mestizo.
- Manejo de armas. Pese a que podría considerarse un experto en el manejo de las mismas, esto sólo se limita a las punzocortantes y a las japonesas o chinas. El campo de las armas de fuego le es completamente desconocido, y no le agrada, ya que lo considera un descarado intento del hombre de imitar a los aparanormales con su magia. En cuanto a armas que empleen más la fuerza bruta, sólo tienes las nociones básicas en cuanto a su contraarresto.

    Historia general del personaje:
Hay cosas que nunca deben de pasar. Básicamente porque se cargan el orden del mundo. Cómo deben ser las cosas. Una de ellas, que parece ser un dogma esencial en nuestro mundo, es que, la muerte nunca debe enamorarse. Me gustaría decir que, las cosas son así. Pero por desgracia, no es así. De serlo, no estaría aquí, narrando esto.
Mi padre era un shinigami. Su trabajo era recoger las almas seleccionadas, para llevarlas "al otro lado". Fácil, ¿no? Eso pensó mi padre la mayor parte del tiempo, según alguna vez me dijo. O eso, hasta que conoció a mamá. No sé si decir que fue una desgracia, o un golpe de suerte para su monótona vida, pero sí puedo decir que fue un cambio radical.
A la muerte no le importa cuál sea tu edad, raza, estatus, salud, o demás. Si estás en la lista, debes morir. La forma en que lo hagas, se vuelve secundaria.
Mamá era sacerdotisa. Estaba expulsando un espíritu malvado del cuerpo de una niña. La "desgracia" debía ocurrir cuando el espíritu saliese y mamá le afrontase. Debía. Sin embargo, no pasó. Papá estaba presente en la escena, había ido a recoger el alma de la niña. pero cuando mamá entró en escena, su objetivo cambió, y debía llevársela a ella. Cada que le pregunté porqué le había salvado la vida, no supo darme bien un motivo. Sólo sintió que debía hacerlo.
Seguramente, se han de preguntar, que tiene que ver la historia de cómo mis padres se conocieron, conmigo. Bueno, esta desobediencia de mi padre hacia su deber, desencadenó todo lo que me llevó a ser quien soy hoy. Lo que soy yo.

Las cosas pasaron como debían de pasar en una situación tan disparatada. Mi madre dejó el templo en el que estaba y mi padre renegó a los suyos, y se retiró con mi madre a lo profundo del bosque. Tiempo después, nací yo. No tengo queja alguna de mi niñez en el tiempo que estuve con mis padres. Fui genuinamente feliz, Cariño, afecto, atenciones y risas. ¿Qué más podía pedir? Sólo necesitaba ello. Era sufiente con lo que teníamos. Mis padres pusieron un pequeño huerto, y teníamos un río del cual pescábamos a menudo, cerca. El bosque era generoso con sus frutos también. Lo teníamos todo en nuestro aislamiento voluntario. Y fue mejor así.
Sin embargo, el ser humano, tiene una gran debilidad: su enorme ingenuidad. Mis padres, por ánimos de mi madre, consideraron que no necesitábamos tomar precauciones extras para protegernos de cualquier mal sobrenatural. Después de todo, los dioses del bosque estaban a favor de mi madre, pese a su unión, porque recordaban todo aquello que había hecho por ellos, sumado al hecho de que nunca dejó de ponerles ofrendas en un pequeño templo improvisado en el jardín.
¡Oh, pobres seres confiados que fuimos...!
Supongo que desde ahí, el camino de la desgracia, se había definido como el único para mi. Era obvio que los congéneres de mi padre, no iban a perdonar su traición hacia su misión. La traición, merece la muerte. Y ese fue el destino de mis padres. Hubiese sido el mío también, pero mis padres se las pañaron para lograr que escapara.
Aún recuerdo ese día. Era invierno. Había nevado toda la noche, y aún así, el clima amenazaba con hacer nevar por la tarde. Había estado jugando en la entrada de la casa, cuando mi padre me ordenó entrar. Recuerdo con claridad las sombras asechantes como cuervos, paradas en los árboles cercanos. Desconfiado, recuerdo haber retrocedido unos pasos, y luego obedecer, yendo a toda prisa hacia el interior de la casa. Mamá me preuntó qué pasaba y como pude, le expliqué. Se puso pálida, quedando más blanca de lo que ya era. Mamá era albina, así que verla tan pálida como la nieve por la impresión respecto a lo que acababa de contar, me preocupó bastante.
Ese día fue el inicio de seguir órdenes también. Mis padres se la pasaron ordenándome cosas. La primera orden de mamá, fue alistarme para salir a la nieve, porque debíamos irnos ya. Una vez que estuvimos listos, salimos por la puerta trasera, pese a mis protestas por esperar a papá. Mamá trató de tranquilizarme diciendo que, él nos alcanzaría luego. Sin embargo, la sensación de algo revolviéndose en mi estómago, me indicaba todo lo contrario. Caminamos por largo rato entre árboles y nieve, sin toparnos con nada. De tanto en tanto, oía cosas moviéndose entre las plantas, pero no logré ver nada. Mamá no dejaba de decirme que todo iba a estar bien, que no le soltara la mano, y que no mirara hacia atrás. Yo me limitaba, asustado, a hacer caso a sus indicaciones. Asustado o no, siempre había hecho caso. No tenía razones para discutir sus decisiones, nunca las tuve.
Comenzábamos a acercarnos al límite del bosque, cuando las sombras aparecieron de nuevo. A la distancia oí gritar a mi padre "¡Déjenlos en paz, es conmigo su problema!" y poco después un "Momohime, toma a Akira, y corre, no miren atrás".
Oh, cierto, olvidé mencionarlo, mi primer nombre, fue "Akira". Ese fue el nombre que mis padres me dieron. Desgraciadamente, tuve que atrás, junto al recuerdo de la vida que tuve con ellos. Porque, tras lo ocurrido ese día, sólo me quedaron los recuerdos.
Lo ocurrido después es un tanto borro por lo rápido que fue. Recuerdo a mi padre, con sus ojos de cuervo mirándome impotente, porque quería salvarnos, pero le resultaba imposible con tantas sombras danzando alrededor de nosotros. Madre había invocado su arco y dispara a diestra y siniestra hacia las sombras con una decisión que era para admirarse. Y... un lobo enorme entrando en escena, y haciendo desaparecer a dos sombras, que se abalanzaban hacia mi, de un mordisco. Sus faces quedaron manchadas de lo que supuse, era sangre. Mamá le dijo un par de cosas, y antes de darme cuenta, el enorme animal, me tomó por la espalda con su hocico. Mamá se acercó a mi llorando "Deberás ser fuerte, Akira. Creo que esta será la última vez que nos veremos, no quiero que lo sea, pero a veces, la vida no es justa. Nunca olvides que te quise, te quiero y te querré siempre. Lo mismo es con tu padre, ¿entiendes?"
Como dije, todo ocurrió demasiado rápido. Recuerdo con claridad que estaba llorando. Mi madre susurró un "adiós" al que traté de responder lo que fuera, pero me fue imposible, ya que el "animal" salió disparado de la escena. Creo que poco después perdí la conciencia. Para cuando desperté, estaba de nuevo en el bosque. El lobo me miraba. Parecía preocupado. Dijo cosas en un idioma que no entendí bien. O tal vez, entendía el idioma, pero el shock de todo lo ocurrido no me permitía comprender qué decía. Hubo más peleas, sangre, separaciones y pánico. Sí, pánico, terror, espanto. No sabía que iba a ser de mi. No sabía que había sido de mis padres. No sabía nada.
Lo único que quedaba claro, es que, sin importar el qué, debía seguir adelante. Caminaba por la nieve, sin rumbo fijo, limitándome a seguir el rumbo indicado por mis pies. Llegó un punto en que no pude más, y simplemente, me desvanecí. Rato después, recobré la conciencia, contemplando a una mujer de aspecto extravagante, agachada frente a mi, como comprobando si seguía con vida. Murmuró cosas que no entendí, y tras una enigmática sonrisa, hizo a una seña y alguien me levantó del suelo. Otra vez, más cansado que curioso, cedí ante la oscuridad.

Ahí comenzó la etapa de mi vida que me llevó de ser Akira a Yuuki. Cuando desperté, la mujer (una bruja llamada Naho) se dedico a explicarme largo y tendido que había sido recogido por una persona muy importante del país, al que ella prestaba sus servicios. También que, por ese hecho. mi vida les pertenecía, ya que si seguía vivo, era gracias a que ella había intercedido por mi, y su señor había aceptado. Hasta que estuve en forma de nuevo, entendí sus palabras.
Dedicaron todo lo que quedaba de ese invierno, y la primavera siguiente, a brindarme entrenamiento sobre combate. Se me había dicho que iba a ser la nueva espada del señor (un feudal, del cual no recuerdo mucho su nombre. Era algo con terminación "yama"), y que debía estar preparado para todo. Desde entonces me quedó claro que el soñar con volver a mi estilo de vida anterior, no era más que eso, un sueño lejano. Porque nunca iba a pasar.
Cualquier forma de pelea, de la época, me fue instuída. Entre más supiese del arte de matar, mejor, solía decir Naho. Esta mujer también se encargó de tratar de ayudarme a usar mis poderes, pero nunca pude desarrollarlos bajo su tutela de forma decente. Pasaron siglos para ello. Tal vez, lo único reconfortante de todo esto, fue que ella se encargó de cuidarme como si de mi madre se tratase. Era lo único que me hacía aferrarme a la idea de que era un ser vivo, y no un simple objeto.
Los años pasaron, y siempre era la misma rutina: entrenar y custodiar. A donde fuese el feudal, iba yo, vigilando que no se atentase contra su vida de cualquier forma. Una existencia aburrida, debo admitir. A partir de esa época, comenzó mi condena de acarrear desgracias. Hubo un ataque al palacio (era demasiada gente, incluso para mi, que ya tenía un nivel decente en el arte del combate), el feudal murió, y el otro feudal (el que había encargado el ataque) nos reclamó a Naho y a mi entre el botín. Las cosas sucedieron así un par de veces más. La tercera vez, Naho aprovechó la confusión y se dio a la fuga. Sin embargo, conmigo la rutina siguió. Había llegado al punto en que renuncié a mi condición de ser vivo y acepté ser nada más y nada menos que una espada.

Años, siglos, ciudades, países, personas pasaron por mi longeva vida. De alguna u otra forma, pasaba de un dueño a otro, sólo como arma. Viajé por casi todo el mundo... o al menos por casi todo su hemisferio norte.
El último cambio de dueño, ocurrió por generaciones en una familia dedicada a la mafia, en Norte América, en alguna parte de Maine. Mi condición recayó más en ser una especie de guardaespaldas, que un arma para matar. Recuerdo con claridad que esa, de todas, fue la época más tranquila desde que me había convertido en una espada. Hasta que llegó al punto de custodiar al último heredero. El chico tendría unos doce años cuando pasó a tenerme de guardia. Era más ser un niñero que inclusive, un guardaespaldas. Y eso me molestaba a menudo. El niño era torpe, algo mimado y sin una muy buena condición física. Me exasperaba un ser tan débil como él. Y sin embargo, era mi dueño. El chico hizo imposibles para tratar de sacarme de mi autoencierro mental. Me había resignado a dejar mis emociones y deseos de lados. El mocoso, siempre quería saberlos. Era sumamente extraño. Muy a mi pesar, logró, poco a poco, y en base a mucha paciencia, hacer que volviese a la senda de la "vida". Antes de darme cuenta, se había convertido en una especie de hermano menor para mí.
¿Ya les he dicho que he sido como un imán de desgracias? Mis dueños, en su mayoría, han tenido la tendencia de morir sin alcanzar su vejez, o en condiciones implicadas con lo paranormal. Y esta no fue la exepción. La familia del mocoso, estaba relacionada con demonios. Nunca han sido de mi completo agrado, pero tenía que aguantarme... aunque eso no evitaba que soltase uno que otro comentario mordaz de vez en cuando.
Las cosas se pusieron feas cuando entramos en una especie de guerra con otra familia. También eran invocadores de demonios. Las cosas se pusieron feas, y terminé tomando al mocoso conmigo. Mi orden máxima era defenderlo pasara lo que pasara. De no ser por lo ocurrido ese día, posiblemente, no habría recordado una o dos cosas importantes. Y aunque me pesa admitirlo, estoy verdaderamente agradecido por ello, aunque no lo parezca. Al final, sólo quedábamos él, y yo. Habían acabado con la rama principal de la familia. Las secundarias quedaban a salvo porque no residían donde la principal.
Ese día, respeté sinceramente a Evan, el nombre del crío. Yo estaba en las últimas. Los demonios contra los que luchaba, escapaban de mi poder, debo admitir, y no consideraba que fuese a vivir para contarlo. Evan, que había estado escondido en un clóset de la habitación en la que estábamos, salió y antes de que pudiese detenerlo, ofreció su vida para parar a los malditos, y salvar al resto de la familia. Los malditos aceptaron. No hubo ni oportunidad para el adiós. Y como yo no iba incluído en el paquete (humanos y sus lagunas verbales) los demonios se divirtieron a mis costa un rato. A duras penas logré salir de ahí con ayuda de mis portales. Confundido y débil, el portal me botó en cualquier parte de la zona. Vagué un par de días por ahí, y averigué el nombre del sitio al que había ido a parar. Diamond City. No sabía cómo volver, aunque no creía en verdad tener un motivo para hacerlo, Había fallado en mi única misión de esta vez. ¿Qué clase de espada era? Sólo me quedaba una opción: buscar un nuevo propósito.

    Extras:
- Pese a que podría desarrollar y usar más sus poderes, prefiere el uso de su katana.
- Puede hablar gran diversidad de idiomas gracias a los diferentes países en los que estuvo, y al paso de los siglos. Sin embargo, no es algo que use a menudo. Dependiendo de la circunstancia, usa únicamente el idioma que hable su dueño, o se hable en el país. Odia dar a mostrar que sabe más de lo que aparenta en este campo, porque odia la idea de ser intérprete.
- En algún punto de la época feudal, porque en batallas se le solía ver con las marcas rojas de la sangre sobre lo blanco de su persona, se le llegó a conocer como "la garza de la muerte", siendo lo último, por su calidad de mestizo con sangre de shinigami.

    Anime/Manga/Juego/Novela de donde procede el personaje: Touken Ranbu

    Nombre real del personaje: Tsurumaru Kuninaga

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Re: ID || Yuuki

Mensaje por Shima Hamada el Lun Oct 17, 2016 1:55 am


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