Ficha de Hamza

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Ficha de Hamza

Mensaje por Hamza Hayyan el Vie Mar 27, 2015 3:23 am

–Nombre: Hamza Hayyan

–Raza: Humano

–Edad: 30 años

–Materia que imparte: Este hombre es un alquimista, está capacitado para dar clases de química y herbología (y prefiere está última). La primera la puede impartir como docente suplente a estudiantes de primer a tercer año o a chicos cuya especialización tenga química como materia. La segunda es una electiva que cualquiera puede tomar.

Por otra parte, la alquimia como tal es algo que solo enseña cuando quiere y a quienes quiere enseñar. (Por razones que se explican en su historia)

–Descripción física:
Hamza es de piel clara, un poco bronceada, mide 184 cm, su cabello de color púrpura oscuro (la mayor parte del tiempo) le llega fácilmente hasta las rodillas y siempre lo lleva atado con una cinta blanca por detrás. Sus ojos grandes y dorados parecen dos piedrecitas de ámbar. Su nariz es recta y respingada, sus labios delgados y su barbilla alargada. Tanto su cabello como sus ojos son producto de una alteración molecular, Hamza en realidad nació con cabello negro y ojos cafés. Ambos rasgos a veces cambian a variantes del mismo color, un púrpura más oscuro, más claro o más rojizo, y un dorado más anaranjado o más opaco.

Imagenes:

Aunque ya no viste de manera tan ostentosa como solía hacerlo (salvo en ocasiones especiales) aun viste con túnicas propias de su región y a veces incluso usa turbantes. Nunca se quita el par de aros dorados que cuelgan de sus orejas.  Su vestimenta casual consiste en una camiseta oscura ajustada sin cuello y de media manga, unos pantalones anchos de tela, oscuros también, y encima de todo una túnica blanca amarrada a la cintura.

Dentro de la escuela usa a regañadientes camisa, corbata y bata.  

–¿Uke, Suke o Seme?: Seme

–Personalidad:
Hamza es descomplicado y algo desobligado, pero cuando se trata de alquimia, plantas o alguna otra cosa que sea para él de gran interés, puede ser muy serio. Siempre tiene una medio sonrisa en el rostro, algo cínica a veces. Es fácil considerarlo irritante porque parece que nada puede afectar su carácter irreverente y no inspira mucha confianza a primera vista, pero es justo y honesto. Antes que mentir, prefiere callar. Es calculador y frívolo cuando se lo propone. No da explicaciones aunque las personas se lleven una idea equivocada de sus acciones, tampoco habla de sí mismo. Hamza habla mucho sobre muchas cosas, a veces se va por las nubes y dice cosas extrañas, pero nunca menciona algo sobre quien es o sobre donde estuvo antes, y cuando le preguntan al respecto siempre cuenta la misma historia sobre un faisán que tuvo en algún momento de su niñez.    

A grandes rasgos, Hamza da la sensación de ser un idiota pero siempre está analizando con calma la situación. Parece que se llevara bien con todos pero realmente nunca forja fuertes lazos con nadie, no sabe como hacerlo o simplemente no siente interés real.  

–Lo que le gusta:

La alquimia y la herbologia son su mayor adoración.
Ama el conocimiento, disfruta de aprender.
Le gusta hablar sobre lo que le gusta
Le atrae todo lo que no logra comprender.
Los magos, la magia, lo sobrenatural.
Los secretos.
Las aves.
Dormir
Las piedras preciosas,
las plantas
La equidad social
El buen comer y el buen beber, sobre todo el buen beber.
Le gustan los aromas y las texturas, los aceites, las esencias.
Le gusta poder hacer lo que quiera cuando le plazca.

–Lo que no le gusta:

No le gustan las serpientes.
Odia tener que cumplir con horarios o con normas.
No le gusta elaborar venenos.
Evita siempre ver su reflejo.
No le gusta dar explicaciones (pero las da si es necesario)
Paradójicamente, le desagrada la idea de vestirse muy a lo occidental.
No tolera la traición ni los sacrificios humanos.
No le agradan las personas que se creen superiores a otras.
 

–Habilidades

Si de habilidades hablamos la mejor que tiene Hamza son los conocimientos que posee, la destreza que tiene para aplicarlos y la facilidad que tiene para aprender.
En cuanto a lucha o defensa, es bueno en el combate cuerpo a cuerpo pero su especialidad es la alquimia de ataque, que se llama así pero no quiere decir que es solo para atacar. Lleva ese nombre porque es alquimia de efecto inmediato, y es aquella en la se usan símbolos sobre alguna superficie para invocar elementos, transmutar o dar vida, a través un canal alquímico que en el caso de los Hayyan, es la sangre. Si un alquimista necesita fuego, por ejemplo, y no tiene manera de producirlo, puede invocarlo a través de su símbolo. También podría llamarse alquimia de creación, pero esa de hecho es otra clase y entre la una y la otra existen pequeñas pero significativas diferencias.

Ejemplo de alquimia de ataque:


Para crear una pantalla de humo:
Se necesita para crear o mutar cualquier cosa, una base, elementos naturales y elementos mundanos, en ese orden. (En el caso de objetos, también se requiere un metal planetario que vendría después del elemento natural; y en el caso de otras cosas como plantas, elixires o vida, se necesita también un componente alquímico) En el caso del humo, que no tiene vida ni alma, pero que es solido (al tratarse de partículas) la base es la sal, cuyo símbolo es:

Luego requiere dos elementos naturales, fuego:  Δ  y agua: ▽ en mayor medida(porque el oxigeno ya está en el ambiente)

Y por último necesita el elemento mundano que es el que va a reaccionar, y es el que más puede variar. Para crear humo Hamza usa el fósforo     , y aquí es donde más se necesita la habilidad del alquimista porque para que se genere humo primero debe haber una explosión, y el fósforo es un gran agente incendiario, las quemaduras que ocasiona son mortales, si solo se quiere el humo se deberá reprimir la energía de la explosión con los elementos naturales y de manera precisa e inmediata, o de lo contrario las consecuencias pueden ser terribles.  

Entonces el circulo final sería algo como esto:



La complicidad de la alquimia de ataque está en que al ser inmediata es preciso la exactitud de los trazos que aunque parezca que son hechos al ojo, en realidad se emplea precisión geométrica. Como mencioné antes, el catalizador o el sacrificio es la sangre del alquimista, Hamza utiliza una especie de carbon rojizo que fabrica alquímicamente con su sangre y otros elementos potencializadores. En caso de que le llegase a faltar dicho carbón, bien podría usar su sangre directamente, pero la cantidad que use para hacer cada símbolo también afecta los resultados.

–Debilidades

Si bien posee muchos conocimientos, no sabe expresarlos de manera que otros entiendan, por lo que es malo trabajando en equipo. Digamos que si Hamza fuera un músico tendría que ser solista porque de estar en un grupo no podría agarrar el compás.

Hamza no es bueno con las armas, con ningún tipo, solía llevar un cuchillo árabe pero era más para cortar cuerdas o abrir cosas que para luchar. Hoy aun lo tiene guardado en algún cajón.

Una de las consecuencias que le trajo la alteración molecular que experimentó es un problema cardiaco, su corazón no resiste fuertes taquicardias o arritmias. Cuando su frecuencia cardiaca se acelera demasiado, además de ocasionar un dolor punzante, luego se detiene abruptamente y comienza a latir  demasiado lento, y de no estimularse puede llegar a detenerse.  Esto normalmente no es un problema, porque nada acelera su corazón, Hamza no es fácil de impresionar. La complicación se da cuando debe usar mucho su alquimia de ataque, porque emplearla lo agita al mismo tiempo que lo debilita, y por consiguiente, su corazón se acelera.  


–Historia general del personaje:

La historia me ha quedado tan larga que la dividí en tres partes para que si no se quiere leer toda, se pueda escoger lo que sea de más interés.

Primeros años:
Hace más de 1000 años, durante los primeros siglos del mundo, cuando las ciencias mas primitivas nacieron, también surgió el deseo egoísta de los imperios por controlar las verdades del universo, por lo que dichas ciencias como la astrología y la alquimia fueron reducidas a actos de paganismo, fueron llamadas ocultismo. Los eruditos para sobrevivir y para trascender con sus teorías se organizaron en grupos y aprendieron a codificar sus saberes, de manera que solo aquellos que pertenecieran al gremio podrían descifrar por ejemplo las recetas alquímicas. Este movimiento que se expandió a través de todo el continente tuvo diferentes nombres en cada lugar, las sociedades los consideraron sectas y aunque sabían bien de su existencia, era supremamente difícil identificar a uno solo de sus miembros porque todos ellos eran al tiempo integrantes de la sociedad: funcionarios, médicos, incluso simples comerciantes. En el medio oriente este grupo se conoció con el nombre de “Al-Ra” que significa “perteneciente a Ra”, el dios egipcio del sol, y su familia principal fueron desde entonces los Hayyan, los alquimistas prodigiosos.

Ante la sociedad los Hayyan eran médicos, químicos, farmacéuticos e incluso comerciantes. Fue aquí donde nació Hamza, muchos siglos después. Su padre Gafar, era en aquel entonces el líder de la familia y era tradición el tener varias esposas que se encargaran de dar hijos suficientes para asegurar el  prevalecer de la familia, de la secta y del conocimiento. Hamza fue el último hijo que nació de entre 17 (de los cuales solo dos eran mujeres) hermanos con diferentes madres. La madre de Hamza era la mujer con menos prestigio de aquel harem al tratarse de una humilde yerbatera sin linaje y según fuera el prestigio de las madres o su posición en el harem, así mismo sería la de los hijos que dieran. Las generaciones siempre fueron numerosas, pero eso no significaba que a todos se les pasasen los secretos de la ciencia alquímica. Los alquimistas fueron desde siempre tan celosos con sus saberes que de varios de sus hijos solo le cedían la totalidad del conocimiento a uno de ellos, mientras que a los otros en mayor o menor medida les enseñaban sobre asuntos menos trascendentales dentro de la misma rama. Por ejemplo, Hamza estaba destinado a ser boticario, un poco más que su madre para mucho menos que un alquimista, mientras que sus hermanos serían médicos, astrólogos, matemáticos, químicos y  uno de ellos sería todo a la vez, sería el alquimista y el siguiente líder de la familia.  Sin embargo el pequeño nunca pareció quejarse por lo que le había tocado, ni por lo dura que era la disciplina con se le impartían las clases, porque nació con una avidez impresionante por conocimiento y pronto devoró gustoso todo lo que sus maestros le enseñaron. Y su madre, muy diferente a lo que todos creían, tenía su propia fuerza. No era una mujer de ciencia, pero la tribu de la que venía tenía sus propios saberes ocultos y místicos. Ella le enseñó sobre las propiedades arcanas de las plantas, las relaciones de estas con el funcionamiento del cosmos.  

Sus maestros y su progenitora se quedaron sin más que enseñarle al pequeño ambicioso de conocimiento cuando este tenía apenas 7 años de edad, y la rapidez con la que aprendía, su entusiasmo y su talento para ejecutar los procedimientos de su ciencia llamaron la atención de su padre. Estaba claro que un genio como aquel se desperdiciaría si solo se le reducía a boticario, pero tampoco tenía el sustento para acogerlo de buenas a primeras como uno de sus discípulos directos. Gafar era un hombre fuerte, frívolo y calculador, tradicionalista y tan recto como ser un líder sectario se lo permitía. No rompería fácilmente las reglas que mantenían a la secta segura, porque cualquier movimiento brusco que esta hiciera podría sentirse en la superficie y llamar la atención de otros.

Entonces decidió algo que algunos de sus predecesores habían hecho también, no asignaría el conocimiento a sus hijos según la posición de sus madres o por sus edades, sino que los probaría a todos por igual y aquel que con sus habilidades demostrase ser merecedor del saber absoluto, sería el alquimista. Por supuesto esto parecía descabellado y desigual, porque los 17 hermanos habían recibido educaciones distintas, era correcto suponer que los mayores estaban más avanzados en sus ramas y aquellos que eran instruidos como matemáticos tendrían desventaja si la prueba era sobre química. Cuando se les anunció  que serían probados muchos de ellos se mostraron inconformes, sobre todo aquel que ya había sido escogido al nacer como futuro líder y alquimista: Habib. Hamza no articuló palabra alguna, pero su expresión habló por él. Un brillo se encendió en sus ojos y una sonrisa segura y altiva se trazó en sus labios. El reciente anuncio significó una puerta hacía un conocimiento casi absoluto que él abriría aunque tuviese que forzarla. La desigualdad no sería un problema, porque Gafar que a pesar de todo, habíamos dicho que era tan recto como su clandestinidad se lo permitía, probaría a sus hijos con sabiduría y justicia. A los 17 les enseñó algo que ninguno de ellos sabía antes: la cábala, el arte de suponer. Asignándole números a las letras y de acuerdo a una lógica que Gafar les explicó a sus 17 hijos, tenían que descifrar una receta alquímica oculta en lo que parecía ser un simple poema de amor, embellecido con metáforas. Por lo tanto, la prueba no era de inteligencia, sino de ingenio.

Pasaron semanas, pasaron meses y ninguno de los 17 conseguía descifrar el enigma, solo tenían una oportunidad puesto que si entregaban una receta y aquella no era, no podrían volver a entregar otra. Algunos de ellos, conformes con las posiciones medias que les había tocado, dejaron de intentarlo, rindiéndose. Habib estaba en parte frustrado por no poder descifrar el problema y en parte aliviado porque ninguno de sus hermanos podía hacerlo tampoco, y cada vez era mayor el numero de los que se daban por vencidos. Si ninguno podía hacerlo, aunque él tampoco lo lograse, al final las cosas se quedarían como estaban y el seguiría siendo el heredero del mando. Llegó el momento en que todos los hermanos se habían rendido salvo Habib, y aquello era justo lo que estaba esperando. Si dirigió a su padre que estaba reunido con el consejo que eran todos sus tios y presentó oficialmente su rendición, “Si quince cabezas no pudieron pensar en una solución para el reto que nos ha impuesto, padre, la mía que a estas alturas apenas vale por 5, me temo que tampoco podrá” dijo pretendiendo parecer humilde. Gafar miró a su hijo sin cambiar ni un ápice su estoica expresión y con un movimiento de la mano dio por aceptada su rendición. “Dieciséis”, dijo el cabecilla, y Habib que ya había comenzado a retirarse volteó confundido. “¿Disculpe?” preguntó diligente. “Tienes dieciséis hermanos” le aclaró Gafar y de inmediato mandó a que le trajeran ante él a Hamza quien desde que impuso la prueba no había dado la más remota señal de vida, y eso más la falta de ingenio y perseverancia de sus hijos lo tenían de pésimo humor. Habib por su parte enmudeció, por supuesto que se había olvidado de aquel último hermano, si hasta ahora sus caminos no se habían cruzado nunca al uno estar en la cima y el otro en los pies de la pirámide.

Entró entonces Hamza, sin ningún tipo de elegancia o cortesía, traía puesto harapos sucios y su rostro manos y pies estaban quizás aun mas sucios. A quienes mandaron a buscarlo lo habían encontrado jugando en la calle con otros niños que debían ser de los barrios bajos. Habib suspiró aliviado, no había forma de que aquel niño pudiese significar un peligro para su posición. El infante caminó hasta su padre y sin decir palabra le miró directo a los ojos con un semblante sereno y una media sonrisa que siempre tenía en el rostro. “Todos tus hermanos se han rendido ya” comenzó a decir Gafar y su estoica expresión se vio un poco perturbada por lo irritado que se sentía por todo. “Y me temo que mi paciencia se ha ahogado, si tú no deseas rendirte, he de ponerte un plazo” explicó a medias. “Oh, de eso se trata” respondió Hamza como si acabase de recordar algo que había olvidado por completo, y buscó enérgico entre sus bolsillos. Sacó de una de ellos un papel torpemente doblado, arrugado y sucio, y se lo extendió a su progenitor “Aquí está mi receta” afirmó sonriente, y todos en la habitación, su padre, el consejo, y su hermano enmudecieron expectantes. Gafar tomó escéptico el papel, lo desdobló y leyó la preciosa letra cursiva con que estaban escritos los pasos de la receta detallados, y sin cambiar mucho su neutra expresión, guardó silencio por unos segundos. “No la he entendido muy bien, desconozco algunos términos, por eso al principio he dudado de la exactitud de mis cálculos, pero los he comprobado un montón de veces” explicó el pequeño sin guardar sus modales al hablar. “¿Hace cuanto tiempo la tenías en tus bolsillos?” preguntó Gafar, poniéndose de pie. El pequeño lo pensó un poco antes  de responder: “Hace ochenta y cuatro días” y  a Gafar no le tomó mas de un par de segundos entender que lo había escrito a la semana de haberles dado el reto “¿Por qué no lo entregaste entonces?” preguntó con una molestia que era visible. “Porque se me ha enseñado que nunca debo pasar por delante de mis hermanos, así que resolví esperar a que ellos entregaran primero sus recetas, pero se han tardado tanto que casi lo he olvidado” contestó irreverente. “Qué insolente” se quejó Gafar, y se dio media vuelta para darle el trajinado papel a uno de sus hermanos “Retírate, Hamza, y no te atrevas a regresar de esa forma a este salón. Desde mañana tus maestros seremos los que estamos aquí, y nos deberás respeto. ¿Lo has entendido?” sentenció Gafar al mismo tiempo que los demás leían con asombro la receta perfectamente descrita en aquel papel. Habib que no lo podía creer no movió ni un músculo hasta que el niño se retiró sin decir palabra con una sonrisa de oreja a oreja después de haber visto las mentes de las que tomaría hasta la última gota de conocimiento.

Más tarde Habib intentaría plantar en su padre la duda, alegando que era imposible que un aprendiz de boticario hubiese podido descifrar una receta alquímica, que debía haber recibido ayuda, pero aquello no funcionó, Gafar sabía que ni siquiera los maestros que Hamza había tenido hasta el momento podían entender el método cabalístico que había usado para la prueba, y que los únicos que hubiesen podido brindarle ayuda significativa eran los que a su lado se encontraban. Entonces sin más, a partir de ese día la vida de Hamza cambió, el camino del alquimista era mucho más duro que el de boticario, pero más suculento a su parecer. Ahora recibiría clases de filosofía, metafísica, aprendería sobre los elementos, sobre los metales y sobre todos sus procesos de conversión, pero lo mejor vendría con los saberes más ocultos de la alquimia, la transmutación, el control de los elementos, la alquimia de ataque, entre otras cosas.

Pero lo que no le dijeron los maestros boticarios de Hamza, a Gafar, era que aquel niño poseía un espíritu indómito. Aunque escuchaba las lecciones y aprendía a velocidad luz, le gustaba hacer las cosas a su manera. Hamza le causó a Gafar innumerables dolores de cabeza, al poco tiempo bastaba con que alguien le nombrara al ultimo de sus hijos para que las arrugas de su frente se acentuaran. Las personas a su alrededor le vieron por primera vez exaltarse hasta levantar la voz, y pelear de tu a tu con un niño muchos años menor que él, y es que Hamza había sacado en gran medida el carácter de su padre, salvo que en lugar de una estoica expresión, en su rostro siempre había una cínica media sonrisa que sacaba a sus maestros de quicio. Pero a pesar de todo, reconocían en él su talento, y nunca dejaron de enseñarle. Los mayores de sus hermanos que tampoco le soportaban intentaron en mas de una ocasión, liderados por Habib, arruinar cualquier estima que Gafar sintiese por Hamza, de que el primero pensara que el segundo no merecía los saberes alquímicos, pero Gafar no soportaba a su hijo insolente desde el principio, no había nada que arruinar. El pequeño le había recordado las convicciones que la secta tuvo desde sus inicios, sus ancestros de los primeros siglos que comenzaron la búsqueda por la receta para convertir otros metales era oro, no eran movidos por las riquezas que este podría traerles o por la posición que podría darles en sus sociedades, sino por el anhelo de producir con sus manos la pureza más absoluta que terrenalmente hablando, es el oro y solo aquel que entendiese con cada partícula de la composición de su ser, el privilegio que es tener el poder de hacer mutar, solo aquel que amase profundamente el conocimiento, era merecedor de todos los secretos que la alquimia podía susurrarle al odio. Era por eso y por nada más que Gafar le daría a Hamza hasta el último de sus saberes.


Fin de los Hayyan :
Cuando Hamza llegó a la edad de 14 años, ya era considerado un erudito, era muy poco lo que su padre  y sus tíos podían enseñarle ya. Sin embargo no se comportaba como tal, jugaba en la calle con los demás chicos del barrio, visitaba constantemente a todos los magos que conocía, porque entre otras cosas a Al-Ra pertenecían pequeñas familias que tenían entre sus miembros a un mago. A Hamza le fascinaban, porque eran poseedores de un saber que ni con toda su alquimia podría comprender o igualar, y ese enigma lo atraía. Pronto hizo buenas relaciones con todos los magos y con los demás miembros del gremio. En casa tenía como pasatiempo el elaborar todo tipo de aceites, esencias y ungüentos para todas las mujeres que conocía y a su madre y a sus hermanas las rodeaba además de piedritas preciosas que había aprendido a hacer. Su madre era lo más preciado que tenía en el mundo y si para algo había usado su privilegiada posición era para beneficiarla a ella, para rodearla de lujos y comodidades pero sin olvidar darle el elemento más importante de todos: el amor. Quería compensar de alguna manera el que se le tuviera por años como la mujer menos importante del harem, y es quizás por eso que nunca se permitió sentir demasiado afecto por su progenitor.

No obstante, perfumes y ungüentos no era lo único que hacía aunque eso quisiese hacer creer, desde los 10 años había comenzado a elaborar y distribuir en secreto medicamentos entre las personas más pobre de la ciudad en la que vivía, muchas de ellas eran las familias de los niños con los que jugaba. La mayoría de los medicamentos que distribuía sin exigir nada a cambio eran para curar enfermedades cuyos tratamientos comerciales eran excesivamente costosos, inasequibles para familias de escasos recursos y eran en su totalidad remedios que su madre le había enseñado (a base de plantas) mejorados a través de la alquimia.   Aquello era un doble delito, como ciudadano no podía distribuir medicamentos caseros sin un control por parte de las autoridades, y como miembro de los Hayyan no podía emplear con esa libertad sus conocimientos y mucho menos exponerlos al peligro de un escándalo publico, pero después de cuatro años de haber comenzado, estaba más decidido que nunca a seguir.  Fue a esta edad que durante una reunión, Hamza manifestó frente su padre, hermanos y tíos que no tenía la más mínima intención de ser el líder de los Hayyan, y que no tomaría el puesto. Todos se exaltaron de una u otra manera, menos Gafar que permaneció imperturbable en su asiento. El ya lo sabía, conocía de sobra el espíritu libre de su hijo, desde el día en que Hamza de 7 años, pequeño y andrajoso le extendió aquel papel con el problema resuelto, Gafar supo que ese niño sería un gran alquimista, pero que no tomaría las riendas de los Hayyan. Quien más se enojó fue Habib, aquello era más de lo que podía soportar, se lo tomó como un la ofensa más grande en contra de su persona. Ser el líder de la familia era para lo que Habib había nacido, pero el hijo de una simple yerbatera le había quitado el derecho, y ahora con la más grande irreverencia se daba el lujo de rechazar aquel puesto. Era como si se estuviese burlando de todos los presentes, especialmente de él. Se precipitó a responderle pero Gafar tomó la palabra callando todas las quejas del salon. “Hamza, como bien sabes, los alquimistas dividimos nuestra existencia en dos: la arcana y la humana, la una posee todos los secretos que se tan han otorgado y la otra tus vivencias y emociones. No es de mi incumbencia lo que quieras hacer de la segunda, pero la primera le pertenece a los Hayyan y al largo linaje de alquimistas que debe continuar y que no se verá afectado por tus deseos egoístas. Conoces nuestras leyes, has hecho todos los pactos. Podrás hacer con tu existencia humana lo que te plazca, pero servirás con tu alquimia al gremio y le enseñarás al próximo sucesor tal y como a ti se te ha enseñado.” sentenció el gran hombre sin rodeos. Hamza le mantuvo firme la mirada, y al termino de sus palabras sonrió desafiante. Se arrodillo lentamente, bajó  la cabeza y puso la mano derecha sobre su pecho. “Así será, por Ra” juró entonces. Aquella sería la única vez que Hamza se arrodillaría ante alguien, aquel había sido un pacto entre hombres y la demostración de amor más grande que tendría este padre por su hijo y este hijo por su padre. Hamza entendía perfectamente que estaba rompiendo una tradición milenaria, tradición que su padre estaba obligado a continuar a toda costa, y aun así le había dado libertad para seguir su propio camino, lo que pedía a cambio era más que justo. El tampoco quería que el curso del conocimiento de los Hayyan se rompiera.  

Y no se hubiese roto si no hubiera sido por el gran odio que Habib engendró en su corazón por su hermano menor. Dos años pasaron, y todo parecía machar sobre ruedas a pesar de lo ocurrido. Habib, sería el primer líder de los Hayyan sin poseer los secretos alquímicos, y eso pesaba sobre su alma más que ninguna otra cosa. Más que estar satisfecho por haber obtenido el liderazgo, detestaba a su desobligado hermano menor que era alabado por los que debieron haber sido sus maestros y por los que fueron sus maestros a pesar de que se la pasaba el día tonteando, jugando con gente de la peor calaña y fabricando en los laboratorios de la familia pequeñeces como aceites y esencias para presumir con cada muchacha que se cruzaba. Lo aborrecía con cada fibra de su ser, pero se consolaba pensando que el plan que había puesto a marchar para destruirlo desde hacia dos años por fin estaba a punto de llevarse a cabo. Quería eliminarlo pero aquello no era tarea sencilla. Los Hayyan al ser gente que operaba en la clandestinidad (porque ser alquimista era ilegal) además de entrenar la mente, entrenaban el cuerpo, por lo que todos tenían habilidades en el combate cuerpo a cuerpo. Pero también, Habib no quería precisamente asesinarlo, lo que quería era infligirle dolor y acabar con ese espíritu inquebrantable que tenía, quitar esa sonrisa cínica de su rostro, quitarle todo cuanto tuviese. Para ello se había aliado con Uruboros, una rama de la secta inicial que se había separado y que ejercía en otro lugar del medio oriente.

Una mañana Habib enfrentó a Hamza, le hizo saber que había descubierto que elaboraba y distribuía medicinas entre los barrios más pobres, pero para sorpresa del menor, Habib le aseguró que guardaría su secreto si le permitía cooperar con él. Argumentó que como medico, quería adquirir más experiencia, y  ¿Qué mejor forma que tratar a pacientes reales y elaborar medicinas en base a sus diagnósticos? Hamza que conocía a su hermano y que era bueno intuyendo la naturaleza de las personas dudó en aceptar aquello, pero pensó que no tenía mejor alternativa que ponerlo a prueba, si con ello evitaba por ahora el escándalo de que todo se supiera. Entonces Habib comenzó a ayudarle, y la primera entrega que hizo con su cooperación, salió a la perfección, al igual que la siguiente a esa, y la que siguió después. Quizás fue por el lazo de la sangre, y porque a Hamza le hubiese gustado desde un principio llevarse bien con sus hermanos que en algún punto decidió confiar en él y a pesar de lo cauteloso que era dejó de revisar con detalle los medicamentos que entregaban, y aquello fue un gran error. Un día llegó un niño agitado buscando a Hamza, quien lo recibió de inmediato. El niño le pidió angustiado que  fuese pronto a los barrios bajos porque algo muy grave estaba ocurriendo. Algunas personas habían enfermado después de haber consumido unas vitaminas que Hamza les suministraba cada dos meses. El joven alquimista pensó de inmediato en un culpable, pero en lugar de enfrentarlo acudió enseguida hasta donde el niño le llevó. En los barrios las personas afectadas tenían mucha fiebre, algunas deliraban, otras incluso convulsionaban y todas presentaban unas manchas extrañas de color negro en la piel, pupilas dilatadas y amarillentas, y sus cabellos se decoloraban tomando el color del yodo en estado gaseoso.

Hamza tenía poco tiempo y pocos recursos para dar con lo causa del problema y para encontrar una cura. Las personas empeoraban rápidamente, y entre los afectados habían hombres, mujeres, ancianos y niños y aunque los estabilizó con analgésicos, tales efectos no podría ser contrarrestados con medicina natural, porque aquello había sido provocado por algo más, detrás de eso estaba la mano de un alquimista. Sabía que su hermano Habib por su cuenta no hubiese podido elaborar algo así y presintió que el problema sería mucho mayor de lo que imaginaba. Había llevado por suerte cuanto equipo pudo con él, y tenía en aquel barrio una especie de  taller rudimentario ya que en muchas ocasiones había tenido que elaborar medicamentos de manera urgente para tratar emergencias. Estudió el veneno puesto en las vitaminas y lo estudió en la sangre de los afectados, comprobando así que se trataba de alquimia arcana, un ente creado artificialmente que elevaba a niveles excesivamente exagerados el yodo en el cuerpo. No obstante, no en vano había recibido toda la educación que recibió. Pronto tuvo 28 posibles vacunas que dividió en grupos de 4 según el elemento primario y naturaleza de estas, y cada una de ellas podía tener terribles efectos adversos, así que al verse sin salidas, hizo lo impensable. Se encerró en aquel sótano, tragó una de las vitaminas alteradas, y esperó. Cuando los síntomas aparecieron, comenzó a probar una por una de las vacunas en él. Las primeras 4 detuvieron los síntomas, cada una de manera más eficiente que la anterior, pero como efecto adverso provocaron una sensación de asfixia que podía llevar a la muerte. El siguiente grupo solo detuvo parcialmente los síntomas y además provocó que el ritmo cardiaco se aletargara abruptamente hasta el borde de provocar una falla cardiaca. Así fue probándolas los grupos todas detenían el veneno total o parcialmente pero provocaban a cambio intensos dolores, o asfixia, o la abrupta reducción de oxigeno en el cuerpo. Hamza estuvo al borde de la muerte 28 veces por 7 causas diferentes, y de manera consecutiva, porque la única forma de detener los efectos de una era aplicar la siguiente. Al final ninguna de ellas era segura, y Hamza lo sabía, pero ahora sabía  también cual era la mas efectiva y como debía complementarla para eliminar el efecto secundario que ocasionaba, y así hizo.  Apenas hubo terminado con su labor y comprobado en él mismo su efectividad, salió finalmente del improvisado laboratorio

Aunque algunos casi no lo logran, todos resistieron hasta que la cura les fue aplicada, y en cuestión de un par de horas todos los malestares habían desaparecido junto con las manchas, sus cabellos y sus ojos volvieron por completo a la normalidad. Entonces le dio las explicaciones necesarias a la comunidad y se excusó tan honesta y formalmente como pudo hacerlo. “¿Por qué tu no has vuelto a la normalidad?” fue la única pregunta que recibió después de un niño. Hamza sabía que algo en él se había alterado, pero no tenía donde mirar su reflejo, solo alcanzaba a mirar los mechones púrpuras de su cabello que  caían por sus hombros. Más tarde sabría que la composición molecular de su cuerpo se había alterado, la vacuna eliminó los síntomas incluyendo las machas oscuras, pero su cabello antes negro no dejó de ser púrpura, y sus ojos antes cafés ahora serían ambarinos. Su nueva condición incluía además otras cosas que afectarían su diario vivir, pero volvamos con la historia. Habiendo arreglado las cosas el joven alquimista partió, su hermano mayor tenía que darle muchas explicaciones. El joven alquimista regresó a la casa Hayyan sin siquiera imaginar con lo que se encontraría.

El grupo Uruboros había estado esperando por mucho tiempo la oportunidad de acabar con los Hayyan que eran el pilar de Al-Ra y que además poseían más secretos que cualquier familia de alquimistas en el medio oriente, así que engañaron a Habib para acceder a ellos y al final lo traicionaron. En ausencia de Hamza, atacarían la casa para conseguir los pergaminos que tenían todas las claves de el linaje, luego acabarían con todos los integrantes, y entonces solo esperarían por el joven alquimista que descifraría los escritos para ellos. Y así hicieron, con Hamza ocupado en los barrios bajos, atacaron la casa principal. Los Hayyan que no se esperaban algo así ni en un millón de años, se defendieron tanto como pudieron, pero el enemigo los superaba en numero. Pronto los dominaron, y entonces el gran Gafar y sus hermanos se vieron obligados a tomar una decisión definitiva. Antes de que Uruboros se hiciera con los secretos familiares que eran su todo, preferían verlos arder y arder con ellos. Los hermanos liderados por Gafar crearon un poderoso fuego alquímico que nada ni nadie podría apagar hasta que no consumiera hasta el último suspiro de los Hayyan. En medio de las llamas Gafar pensó en Hamza, y se sintió satisfecho por haberle pasado hasta el más pequeño de sus saberes.

El joven alquimista vio las enormes llamas azules a lo lejos, y aunque se alamró, no se apresuró. Supo al ver la coloración del fuego que aquellas llamas habían sido producidas por su padre, y que si había hecho cosa semejante, algo grave había tenido que ocurrir, así que se acercó con cautela para poder observar la situación. En la casa aun estaba el enemigo intentando inútilmente aplacar el fuego. Sin muchas opciones y sin querer implicar a más nadie, usó alquimia de ataque para rodearse por una pantalla de humo, y dentro se las arregló para buscar sin ser visto a los sobrevivientes. Puso a salvo a sus  hermanas y hermanos, a los que pudo encontrar, y ayudó a evacuar a todo el personal. Pero por más que buscaba, no podía dar con su madre, y es que esa era la última carta del malvado grupo. La tomaron de rehén con el fin de conseguir que  Hamza fuese con ellos sin oponer resistencia, aunque los pergaminos  habían sido reducidos a ceniza, este muchacho tenía en su cabeza todo lo que en ellos estaba escrito. Cuando escuchó aquella premisa, Hamza no lo pensó mucho antes de aceptar, pero exigió ver a su madre cuanto antes. Cuando entraron a la habitación donde la mantenían cautiva, la mujer yacía tendida sobre el suelo. El hijo se precipitó hacía ella y la sostuvo en sus brazos, no tenía signos vitales y en sus labios que trazaban una ligera sonrisa estaba el rastro de una sustancia morada. Aquella era la especialidad de su madre, los venenos. Como había mencionado, ella era una mujer que poseía su propia fuerza, en cuanto oyó el plan del enemigo supo que su hijo no dudaría en entregarse, pero ella que lo había tenido en su vientre lo veía como un poderoso león que por ningún motivo debía ser puesto tras unas rejas. Aquel día fue la primera y hasta ahora única vez que Hamza perdió los estribos, y agotó hasta su último aliento en alquimia de ataque contra el enemigo.    

Los resultados de aquel trágico día fueron la muerte de su padre, de sus tíos, de 7 de sus hermanos, de algunos trabajadores de la casa y de su madre, junto con la destrucción lo que fue el hogar de todos. Cuando recobró la conciencia (después de haberla perdido por luchar hasta desfallecer) supo por sus hermanos  como habían ocurrido las cosas, y que Habib había huido, desapareciendo antes del fuego. Solo necesitó eso para volver a ponerse de pie. Si bien su espíritu nunca volvería a ser el mismo, aun tenía mucho por hacer como para perder el tiempo en lamentaciones.

Venganza y posterior llegada a Hayate:
Aunque era el menor de sus hermanos, era el único que tenía lazos directo con el resto de Al-Ra, y por ello era el que tenía la responsabilidad de velar por lo que quedaba de la familia Hayyan. Con ayuda del gremio, los mandó de dos en dos a tierras lejanas donde estarían protegidos por sus miembros, separados en parejas pues así llamarían menos la atención. Con sus hermanos a salvo se dedicó entonces a reunir toda la información que pudo sobre el grupo que había destruido a su familia: Uruboros, la serpiente que se muerde su propia cola. Hamza recorrió el continente, Al-Ra existía en muchos lugares con nombres diferentes, tuvo otros maestros y perfeccionó su alquimia de ataque y pronto se convirtió en el líder de una especie de subgrupo de Al-Ra que iba de la mano de esta. Resultó que los Hayyan no habían sido el único objetivo de Uruboros, de esa manera habían estado acumulando enemigos por todas partes. Hamza consiguió que aquellas personas se unieran a él. Regresó con ellas a su ciudad natal donde legalizo la distribución de sus medicamentos, convirtiéndolo en un negocio, pero siguió distribuyendo medicinas sin costo en los barrios bajos. Aquel negocio era la fachada que necesitarían para encubrir sus actividades “paganas”. Hamza ganó prestigio rápidamente, pero por más que su nombre se esparcía de boca en boca por los alrededores, nunca se cambió el apellido y aquello era una provocación. Estuvo cazando a Uruboros durante 7 años, usando el mismo veneno que le quitó la vida a su madre y el fuego que mató a su padre contra el grupo, pero fue en su año numero 20 cuando su búsqueda dio el mejor fruto, ese año encontró a Habib, su ominoso hermano mayor que ahora comerciaba con medicinas genéricas en un pequeño pueblo del desierto. Lo único que se sabe es que el raro hombre que había aparecido hacía 4 años y que se hacía llamar Abu Ibn, amaneció un día muerto en su habitación, al parecer a causa de un veneno que nadie pudo identificar.

El alquimista de ojos ambarinos no se exaltaba ni rabiaba nunca, siempre tenía una media sonrisa en el rostro, pero la única vez en su vida que cayó en cólera, la ira le duró 7 años, y no se calmó hasta que Uruboros dejó de existir como grupo y hasta que el traidor pagó con su vida, para entonces Hamza había cumplido 23 años. De inmediato deshizo el grupo que se había formado por la venganza, y abandonó aquella ciudad de recuerdos amargos. Se aisló durante cuatro años, con las cosas echas, ahora podía lamentarse. No buscó a sus hermanos, nunca fue cercano a ellos, únicamente a sus dos hermanas que tampoco vería después de lo que había hecho. Tampoco volvió a Al-Ra, en su venganza había roto más de una regla, los pactos que había hecho pesaban sobre él. Lo único que existió para él durante ese tiempo, fue la alquimia, pero ya no tenía interés por la de ataque. Se dedicó a la investigación y aplicación de la alquimia y la herbologia, la manera en que la una podía complementar y perfeccionar a la otra. Allí estaban su padre en una y su madre en la otra. Pero un día se dio cuenta de que aun tenía una deuda con su progenitor. El flujo del conocimiento, aunque con los Hayyan reducidos y desintegrados, debía continuar. Durante el tiempo que estuvo fuera, se había dado cuenta que a diferencia del medio oriente, el resto del mundo había abierto un poco más sus mentes a la alquimia y a la magia, y un mundo sin pergaminos secretos y sectas malvadas sonaba ideal para él, así que a sus 27 años decidió salir al mundo para compartir sus saberes. Pero la verdad era que Hamza tenía un carácter tremendamente desobligado y seguía siendo tan irreverente como siempre,  y la idea de enseñar no le emocionaba ni un poco. El quería, si, pasar horas hablando de alquimia con gente que también supiera del tema, pero no detenerse a enseñarla. Además tampoco podía hacerlo tan libremente porque si se trataban de alumnos en escuelas, solo podía enseñar de la alquimia la parte que correspondía a la química. Con esos pocos ánimos no fue capaz de durar mucho en ninguna escuela, ha saltado de institución en institución y ahora a sus 30 años, ha llegado finalmente a Hayate.
 


–Extras

El nombre Al-Ra, no hace precisamente alusión a la deidad, Ra es el sol y el sol es la representación del oro. El oro fue el motor de la alquimia desde sus inicios, la búsqueda de la receta para obtenerlo se convirtió en el sentido de la vida, y es por ello que los alquimistas adoran aquel metal noble, del cual creen obtener fuerza y bendiciones. El oro es una de las tres facetas de la sabiduría del universo. De hecho, una tradición de los Hayyan es siempre llevar una prenda de oro, un trocito del metal en algún lugar del cuerpo. En el caso de Hamza, son sus aretes, y esa es la razón de porque siempre los lleva. De igual manera cuando juran "por Ra" es como si dijeran "Por el oro", por la pureza más absoluta, es una promesa inquebrantable.

De las tres facetas hay dos bien sabidas, el oro (el sol) y la plata (la luna). La tercera siempre ha sido una encrucijada, pero se cree que es la piedra filosofal. Existe un falso rumor sobre que Hamza tiene en su poder la legendaria piedra porque eso fue lo que escucharon de su maestro unos aprendices de Al-Ra. Pero resulta que al decir eso el hombre solo pretendía alabar su agudeza mental, porque la leyenda de la mítica piedra dice: "Una piedra que no es piedra alguna, pero que, no obstante, lleva en si los orígenes de los dos metales nobles por lo que también puede engendrarlos de nuevo: el ingenio."    

Aunque siempre tuvo una relación amor/odio con su padre, aunque siempre tendía a llevarle la contraria, Hamza heredó mucho de él, como el carácter rebelde. Además, tiene esa parte tradicionalista que también era muy característica de Gafar, en cuento a siempre vestir con túnicas árabes.    

El cambio molecular que Hamza experimento es una alteración en la cantidad de Yodo que su cuerpo tiene y tolera, el yodo acelera el metabolismo, por eso además del problema cardiaco, otras consecuencias son apetito voraz y sed insaciable. Por esto es que Hamza cayó tan fácilmente en las redes del alcohol.  



–Anime/Manga/Juego/Novela de donde procede el personaje: Magi: The Labyrinth of Magic!

–Nombre real del personaje: Sinbad

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Re: Ficha de Hamza

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 28, 2015 11:45 pm

~Ficha Aceptada~


Bienvenido al foro, pase por el registro de personajes ocupado y en breve e la dará su color.

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